jueves, 29 de noviembre de 2018

El dolor hace la fuerza


Las lágrimas cayendo de los techos
Haces rojos y verdes danzando en el pavimento
La encontré esa noche envuelta en sombras en un rincón
Con la luz de la luna iluminando el mundo a su alrededor
Descartada y despojada clamaba por un veredicto
Y la ley a ella nunca acudió
Mientras el cielo rompía en llanto y la naturaleza rendía sus respetos
La vida abandonó sus labios con un último aliento desesperanzador

Los tres quedaron libres y la justicia ya no ciega sino testigo
Permitió que se manchara su memoria
Y su rostro quedara en el olvido

Podríamos ser todas, podría tratarse de mí misma
Desamparadas frente al masculino
Que decidió cómo se escribirá nuestra muerte 
Tratando cual si fuera un acto de carisma o de mala suerte,
De un conquistador sin desatino,
El humillar a una mujer que no obstante jamás será vencida

Nos unimos en un clamor
Y cobramos fuerza desde un mismo dolor
Todas para una y una para todas

Cuando por fin la luz de la luna alumbre las sombras que tapó el conquistador
Vestiremos de lágrimas pero cantaremos con la fuerza de mil vidas arrebatadas
Ya no ocultas, denunciando al testigo y ferozmente empoderadas

Porque su memoria perdura en nuestros corazones
Y las libertades de ellos ya no serán más nuestras prisiones


martes, 27 de noviembre de 2018

Reflejos


Si todo lo que creemos saber son interpretaciones...

Entonces el miedo tampoco es real. 

miércoles, 6 de junio de 2018

Juntas


Yo salgo a tomar sol cuando hay tormenta. 

La lluvia es mi amparo y la armonía de las cosas simples mi mejor paraguas. Doy pasos en puntitas de pie para que la suela del zapato genere ecos en el agua de los charcos y me divierto con mi yo de seis años.

Estoy en mi mundo, en el de los otros, en mis otros yoes y en los yoes de los demás; estoy en el mundo. La niña me acompaña, pero también lo hace la adulta; el universo es mutuo y de los caminos que llevamos recorridos.

No quiere tomarme de la mano el viento, pero sí lo hace ella, al tiempo que saltamos un gran charco y el barro cubre el dobladillo de ambos pantalones. Sus rodillas están manchadas también, pero una sonrisa tironea de sus labios.

La lluvia nos envuelve y los truenos se oyen cubiertos por una sábana transparente.

Me dice que quiere quedarse y la abrazo con mi corazón.
Salimos a tomar lluvia.