viernes, 26 de agosto de 2016

lunes, 15 de agosto de 2016

Éxodo y Adversidad

Huir al norte nunca había significado una dificultad. 
Los romances iban y venían y su cobardía ante el amor la impulsaba a dejar atrás las historias que, ella sabía, carecían de un porvenir.

Escaparse de Sonora jamás había representado un desafío; siempre lo más complicado había sido regresar para luego volver a armar las valijas y disponerse a marchar.

Conducir hasta la frontera no había conferido hasta entonces mayor riesgo que aquél del extravío de un labial bissú.

Bueno... esto es... hasta que se encontró sin pasaporte en una encrucijada territorial, víctima del pánico y blanco de las miradas furtivas.

Huir al norte... de pronto había pasado a convertirse en la más peligrosa decisión de su vida.

Céfiro

Florie se enamoró del viento; esa ráfaga libre y un tanto fría, incorpórea y ligera; cayó rendida ante Lewis en menos de lo que dura un suspiro.

Pero él era volátil, distante, etéreo; él volaba por la vida con movimientos gráciles.

Sin embargo, el amado también podía enfadarse y rugir; azotar con su furia hasta a las montañas y arremeter contra la flora de los jardines aledaños; atravesar las nubes y acompañar a los truenos en una noche furiosa; soplar y soplar para avivar las llamas de un incendio.

Asimismo, el encantador Lewis podía entristecer; convertirse en apenas y una neblina solitaria por la tarde, o una ventisca gélida que provoca escalofríos.

Finalmente, era capaz de una ternura suave y que no empalagaba; una brisa matutina que acaricia la piel en el verano y se desliza por las ropas como un hálito tibio; podía refrescar las frentes que brillaban adornadas de perlas y apaciguar los ánimos de un conductor cuyo cuello se hallaba teñido de borgoña.

Y es que Florie no había logrado resistir la corriente que había hecho bailar sus cabellos y danzar a los pliegues de su vestido.

Pretty please

Regalame una incongruencia, una mentira original, un acertijo, un asombro, y un conflicto también; relatame un anhelo, compartí una inseguridad, una súplica y nombrame un miedo; espontáneamente pedime que sea tu cómplice en una corazonada; contame una historia, la que sea; rogame que luchemos contra un monstruo.


Beetle eyes

Me perturba la gente con ojos negros; desconfío de esos pozos profundos que parecen no tener fondo y que ocultan un sinfín de emociones en la forma en la cual la pupila se disuelve en el iris; oscuridad insondable y que incita un desafío. 
Ojos colmados de sombra; que al observar fijo generan una mezcla de nerviosismo e incertidumbre. 

Me reconozco inquieta a la hora de intentar descifrar sus misterios y develarlos al mundo. A veces hasta me despiertan un cierto romanticismo bestial; es la atracción hacia lo desconocido en discordancia con lo que repele la primera impresión. 
Son ojos que me mantienen en vela con una constancia preocupante; ojos de abismo, secretos y sombríos; lóbregas cavernas que susurran acertijos y que reflejan a la nada misma y al todo a la vez. Me perturban, sí... pero no por eso la curiosidad cesa ni interrumpe su fatalidad.

Keep Movin'

Con el tiempo aprendés a bailar bajo la lluvia, en vez de esperar a que pase la tormenta.

Hablo de algo

Morvin era feliz. De a lapsos, pero lo era.

Y con lapsos me refiero a esos cortos instantes que aparecen y se van en un parpadeo.

Morvin sabía que su existencia estaba marcada por sus sonrisas;

Él sabía que era feliz.

Y con sonrisas hablo de aquellas que dejan ver dientes blancos como perlas y se extienden por debajo de una delgada eme en el labio superior.

Morvin creía que era feliz.

Al menos algo debían significar esos momentos de carcajadas derrochadas y lágrimas de dicha; tal vez y en algo destacaban las espontáneas aventuras que realizaba cuando se sentía pleno.

¿Era Morvin feliz?

Se lo preguntaba a menudo, de a lapsos.


Pero se lo preguntaba.


NOrmal

– Amagué para la locura.

– Aun un mejor prospecto que el auto-engaño.

La manía del fénix

Ella se mostraba por fuera como un canvas en blanco.

Y yo en numeradas ocasiones le había sugerido que ella requería de un pincel para pintar su mundo de personalidad; aquella misma que no se atrevía a relucir;

Detrás de su blanca mascarada, contaba con una amplia gama de colores, que se desperdigaban en una paleta conformando un arcoiris; y es que poseía un salvajismo, romántico y feroz, que le exigía a los gritos ver la luz del día.

¿Que cómo lo sabía yo? simplemente por mi habilidad de mirar a través. Alguien hacía tiempo me había enseñado a observar con atención; a realmente observar.

A veces, sin embargo, no era tan sencilla la contemplación. Y era de suma importancia romper con el convencionalismo del lienzo en una explosión de matices. El resultado valía totalmente el esfuerzo; retazos cenicientos de una careta hecha trizas.

La cuestión, es que ella tenía en su pecho una llama que flameaba con fervor, amenazando con quemarla si pretendía dejarla extinguirse; la naturaleza así la había traído al mundo; voraz y con una urgencia de estallar en fuegos artificiales.


Monstruos de Asfalto

– ¿Sabés lo que es estar en una ciudad de la cual la mayoría de la gente se quiere marchar? Esta es una metrópolis colmada de ira, te digo; con una ferocidad que retuerce sensibilidades hasta hacerlas añicos y derrama alquitrán sobre la misericordia y la paciencia. Algunos hasta dirían que es a donde los sueños vienen a morir, tras haber sido torturados por la corrupción y los malos tragos. Cada vez a las personas se les desvanece más y más la esperanza, creeme. Y al final sólo queda una resignación amarga; un rencor que se construye diariamente a base de ladrillos de miedo, inseguridades y un profundo enfado destilado del odio mismo; todos ellos combinados con el cemento de la desesperación. 

– Y aun así... seamos sinceros, ¿vos te verías viviendo en cualquier otro sitio?



– Si pudiera escapar lo haría; cualquier lugar antes que este. Pero me falta coraje. Pasa que... ya me embargó una sensación de aborrecimiento por la humanidad que es difícil de borrar; y a veces pienso que hasta puede ser demasiado tarde para mi. Porque, te digo, a cualquier otro destino al que me dirija, siempre van a estar presentes los recuerdos desagradables de la violación al amor, el abuso a la cortesía, el arrebato de la inocencia y finalmente la soberbia y la avaricia, provenientes de la enfermedad que tuvo como consecuencia inmediata la sociedad fanatizada del hombre; aquella que me forjó, me desilusionó y abofeteó en el espíritu con una crueldad imperdonable. Sabés... el problema es... que no importa a dónde vaya, ahí voy a estar yo. El yo que nunca pudo regresar a sí mismo.