lunes, 28 de marzo de 2016

Vejez

Anciana; oriunda de una tierra sin nombre, anclada en el pasado y que exuda erudición;
Anciana; con alma de pergamino y calamidades corpóreas;
Anciana; de cabellos plateados y párpados pesados;
Anciana; cargando con el yugo de la presencia en guerras ajenas;
Anciana; con responsabilidades fragmentadas y cavilaciones lentas;
Anciana; con remordimientos y gratitud;
Anciana; habitante del envase material que ata al espíritu al mundo de los mortales;
Anciana; desencantada y encantada; prejuiciosa y que excede empatía a la vez.
Anciana; sus ojos olvidados en algún lugar del paisaje de antaño;
Anciana; extraviada en recuerdos almacenados en forma de carretes fotográficos que nunca se mandaron a revelar.
Anciana; de lúcida madurez y opaca ingenuidad.
Anciana; divagando y con el corazón hinchado de amor.

jueves, 3 de marzo de 2016

Aleteos

Sacudiéndose polvo de estrellas, se me acercaba con los bolsillos repletos de mariposas. Tenía el cabello enmarañado y portaba una sonrisa cómplice; sus mejillas estaban sonrosadas y arrastraba sus pies por el sendero, dejando a su paso un fino halo de plata.

Extraviada como estaba en su nirvana, había trepado por los árboles y pescado con sus manos un caballito de mar en una calesita. He de decir que era tal la forma en que me deslumbraba, que me sentía en un oasis índigo traído a mi por la melodía cantada por las sirenas de Neptuno, guardianas de la entrada al océano.

Sus iris brillaban con intensidad y las negras pupilas revelaban ventanas al pasado, nostálgicas; del rabillo de sus ojos parecía asomar un cuento.

Era una golondrina y yo un cuervo que escudriñaba con curiosidad su esplendor.

Esos minutos se evaporaban y éramos al fin testigos del atardecer.

Ahora lo sabía. Habíamos despertado en primavera.