domingo, 28 de diciembre de 2014

Me lo dijo un pajarito

"Si supiera lo que la vida te ofrece, supongo que elegiría no nacer... pero no se puede elegir. Si conociera el dolor antes de sentirlo, elegiría no nacer... pero no se puede elegir... Si no existiesen quienes dicen que te aman, elegiría no nacer... pero están... Y son ellos quienes instalan la esmeralda, y son éstos mismos por los que todavía vivo...".

sábado, 27 de diciembre de 2014

Mensaje Navideño

"... A veces es necesario creer para poder ver...".

Era Noche Buena y con los mayores distraíamos a los primos más pequeños para que los adultos colocaran los regalos en su lugar correspondiente bajo el árbol de navidad.

Dos de mis primos habían armado un globo de papel barrilete de aproximadamente unos 1,25 de altura para llevar a cabo la tarea, y nos habíamos dirigido hacia la entrada que daba a la calle.

El plan consistía entonces en hacer que el globo “alcanzara el trineo de Papa Noel por los aires”, esperando que no se prendiera fuego por completo en el intento.

Y así fue, que calzadas las primas con zapatos de tacón alto y ataviadas de minifaldas y pantalones elegantes, se acercaron a contemplar el acto solemne del despegue.

Decir que sublime fue la noche, es quedarse cortos. Todo funcionó a la perfección. Definitivamente nos salió redonda.

En el mismísimo instante en que comenzábamos a darnos por vencido con el ascenso hacia los renos, un grito provocó que se nos desorbitaran los ojos.

Lila o no sé quién había sido, había proferido tal alarido que mi tía casi se cae al suelo. Yo aún sostenía una cuchara de postre en la mano, cuando todos comenzaron a correr.

Una o dos cuadras más adelante se distinguía una figura roja y blanca; un sujeto de grandes botas y larga barba, el cual sujetaba varias bolsas con obsequios.

La más pequeña de los primos echó a andar como si en ello se le fuera el alma. Mi tío la animaba y exclamaba “¡Agarralo!,¡Agarralo!”, mientras que mi tía, es decir, su hermana, perseguía a la multitud de chicos desesperadamente, preocupada de los autos.

Tacones iban movidos por una fuerza indescriptible, dando tumbos en la acera y amenazando con quebrarse; algunos desgastados, desteñidos. La mayoría eran rojos.

Finalmente el Papá Noel se retiró, no sin una cara de susto fija en su rostro.

“¡Lo toqué!, ¡le toqué la mano!”, decía la menor extasiada.

Yo, al observar la felicidad y la inmensa sorpresa en su carita de manzana, entendí por fin el verdadero significado de la navidad.

Ésta va mucho más allá de proveer alegría a los más chicos, o de que disfruten de una buena comida o inclusive de la compañía familiar. La navidad es uno de los primeros y más meticulosamente guardados recuerdos de un niño; es aquél conjunto de noches al que se aferra de grande cuando busca memorias que le hagan sonreír, que le hagan buscar un significado a su vida, de ser necesario.

Por supuesto que no todos han pasado lindas navidades, o que tienen quizá diferentes celebraciones, o que no acuerdan con la inmensa cantidad de publicidad que conlleva el evento gracias a la multinacional Coca Cola y a otras.

Pero dejando de lado lo superficial, las diferencias y los malestares, por lo menos una persona tiene un recuerdo bello de esos días. Me refiero a los que van del ocho al veinticinco de diciembre, para ser más precisos.

En fin; mi punto es que aunque sea algún individuo rememora con cariño esas fechas.

Sé que no se pueden cargar los problemas del mundo en nuestros hombros; mas si una persona, por más pequeña o indefensa, realiza una buena acción de corazón en base al mensaje de la navidad, transfiere paz y amor a muchos. Ya se trate de ayudar a los necesitados, a los enfermos, a los desamparados y olvidados; a los ciegos o ancianos a cruzar una avenida repleta de gente apurada y estresada; a un amigo con un problema; o, en el básico ejemplo, a hacer que un niño crea en algo más allá de sí mismo con fervor, la navidad unirá a los seres humanos.

Yo no entiendo demasiado de religión, o del nacimiento de Cristo, o de la historia de Jesús. Pero sí comprendo lo que es tener fe en algo; el alcance e impacto que tiene en nuestras vidas la creencia. Pues ésta nos genera esperanza y hace más llevaderos los dolores.

Sin embargo, nunca estuve del todo segura de mi creencia. ¿En qué creo? Podría decirse que en el alma; en la valentía, en la honestidad con uno mismo a pesar de que se tiene al mundo en contra, en el ser.

Lo que quiero decir, es a esa fuerza que impulsa y motiva a los humanos, esa energía abrasadora que nos conecta y nos hace uno.

Llámenle Dios, Alá, y tantos otros nombres.

Para mí, es la existencia. No la vida, ni la muerte. Sino la existencia atemporal. La certeza de que en un momento determinado (o indeterminado también, si se supone que el tiempo es en realidad una ilusión manifestada por los seres vivos), se existió.

Ahora sí, volviendo al planteo original, si un adulto provee de fe o de espiritualidad al niño; es decir, si le confiere esa esperanza y certeza de su existencia, éste a su vez se la pasará a otros (cabiendo agregar, por supuesto, con amor y respeto, sin intentar imponerla). Y eso es a lo que yo llamo un acto de magia.

Quizá todavía no es tarde para personas como yo, quizá todavía hay esperanza.

Sólo es una cuestión de creer.


domingo, 14 de diciembre de 2014

Los otros

Looking glass world

El cristal reluce en la penumbra, haciendo consciente a quien lo ve de una realidad sub alterna. A través de este, los seres son extraños y están de cabeza.

“¿Cómo serán sus vidas?”, es una de las más insistentes preguntas.

Un leve soplido da paso a un vendaval que estremece a las personas paradas en sus manos, las cuales se hallaban revoloteando previamente por los fríos senderos.

Una mancha de vapor produce conmoción y sobresalto. El rey de los seres excéntricos, ataviado de un opulento y largo manto blanco, se acerca, preocupado. En el momento en que procede a examinar la superficie cubierta de vapor, otro soplido lo transporta al lado contrario del mundo.

“¿Cómo serán sus vidas?”, pasa a ser un mantra.

El cristal reluce pálido, a pesar de que alguien desde el rincón opuesto encendió la luz.

Las personas ya no están de cabeza, pero ahora se ven exageradamente escuálidas.

La delgada reina ayuda a su cónyuge a incorporarse, al tiempo que la mancha de vapor se desvanece en el cristal.

¡Hay alguien del otro lado!, proclama el conde con vehemencia.

Varios seres semejantes a un lápiz vuelven a estremecerse, y la condesa, sirviéndose de un monóculo, observa con disgusto la pared congelada.

Pues no hay que permitirle el paso, dice con una voz cruelmente solemne.

Los individuos comienzan una red de murmullos, que acaba haciendo eco en la lejanía. En el transcurso de unos pocos segundos, ésta impacta contra la pared contraria, regresando a su lugar de origen en el centro.

¡Silencio!, exclama la condesa agitadamente.

“¿Cómo serán sus vidas?”, repite la conciencia, desolada.

Si no se le permite el paso, entonces tampoco la vista, afirma el Rey, considerando sus palabras lógicamente dignas.

A la orden de su majestad, varios obreros-hormiga cargan con un pesado balde de brea. Al encontrarse cara a cara con la pared de cristal, colocan el balde en el suelo y, haciendo uso de pinceles y brochas, proceden a pintar la superficie.

Luego de minutos y minutos, el trabajo está terminado. Del otro lado ya no se admira el relumbrante cristal. Un manto negro cubre las delgadas paredes y las personas ya no alcanzan a distinguirse. En el sitio opuesto, la luz permanece encendida.

Sin embargo, logra oírse un llanto descontrolado procedente de un rincón guarnecido por la penumbra; el aislamiento dando paso a una desesperación compuesta por temblores y fuertes espasmos.

“¿Cómo serán sus vidas?”, aún alguien se cuestiona ingenuamente.

Un suspiro dramático escapa de unos labios, pero ya no se pega al espejo congelado en forma de vapor.


La realidad alterna se desvanece y le es prohibida la entrada a quien intentara contemplar el cristal.


sábado, 13 de diciembre de 2014

Paraguas

Ni el más profundo invierno se asemejaría al estrepitoso clamor de las penas que aquejan el alma;

Esas que en algún momento del día golpean con fuerza, dejando sin aire hasta al hombre de la más dura piedra. Aquí es donde los párpados se tornan sensibles, las extremidades se debilitan, las pestañas ceden y sirven de puente para las lágrimas salinas.

Se denota una adoración entonces a la tempestad y al romanticismo melancólico de los paraguas, especialmente si el color de éstos fuera al menos un ápice cercano a la gama de los violetas y azules.

Las gotas se deslizan surcando las mejillas, impulsadas por la gravedad hacia el suelo. Afuera algunas repiquetean contra la ventana, queriendo entrar en la habitación.

Cuesta levantarse, cuesta moverse. Ya casi no quedan fuerzas ni para respirar. El corazón se estruja dentro del cuerpo y la garganta enmudece de pronto al verse obstruida por un nudo de culpa y arrepentimiento.

A través del vidrio empañado por las lágrimas del cielo, se observa a la gente caminar y al agua acumularse en los recovecos situados entre medio de las baldosas. Una gran cantidad se arremolina al mismo tiempo en las rendijas, cayendo de bruces hacia el oscuro abismo de la alcantarilla que espera debajo.

Dentro de la habitación se extingue la luz a causa del clima.

Pero las penas continúan golpeando con fuerza y la lluvia no consigue lavarlas del alma.

¿Cómo desterrar a un dolor que se ha ido forjando con el correr de los años y que ahora se halla tan arraigado al espíritu? Cada vez que parecemos olvidarnos, éste tiende a arremeter violentamente; penetrando los confines del corazón con una frase, una palabra,  o una imagen distante y un tanto nublada por la represión del recuerdo.

El olvido no dio resultado alguno y una vez más nos encojemos, sintiéndonos pequeños, indefensos y a punto de desfallecer.

Qué hermosos se ven ahora los paraguas desde las alturas; aquellos que de a momentos son violetas, y de a momentos son grises cual tempestades.


sábado, 8 de noviembre de 2014

Adiós


(Escrito el 18 de julio de 2014. Dedicado a una persona y a una únicamente)


Predecible. Desesperantemente predecible. Incluso tan predecible que ya no alcanza a decepcionar.

A veces tengo la estúpida esperanza del cambio; de que una persona puede lograr ser diferente a lo que viene siendo si se lo propone. O tal vez mi empeño por ver lo bueno de alguien y tenerle fe, creer en sus capacidades y en el humano detrás de la máscara, me lleva a desilusionarme con facilidad.

Y nuevamente confié. Otra vez te creí ,y otra vez me fallaste.

Mentiras y más mentiras.

Un individuo no puede ser la mejor versión de sí mismo, porque el simple hecho es una utopía. Como ser humano, la persona es de naturaleza masoquista, y sólo deja entrever lo peor de sí; lo más salvaje y ordinario, espectacularmente banal.

Jamás se propone cambiar, porque cree en el fondo no ser merecedor de la transformación, o bien, elige el camino más fácil y corto, evitándose el engorro del esfuerzo.

Quizá hay personas que directamente no nos convienen, porque no valoran lo que hacemos por ellas y la cantidad de tiempo y consideración que les dedicamos. Sólo nos atrae la idea de ayudarlas a levantarse y reunir el suficiente coraje para mostrar su verdadera personalidad y relucientes deseos. Pero a fin de cuentas, no paramos de engañarnos a nosotros mismos, y volvemos a caer en la decepción. Una, dos, y hasta mil veces más. Las veces que se requiera.

Las personas no cambian, y la esperanza en ello es apenas y una excusa para escapar de las propias caretas impuestas en el día a día.

Por eso... cuando un individuo se convierte en predecible... es hora de admitir que no nos conviene, y ya no esperar nada de él o ella.


Por fin, es tiempo de dejarle ir.


viernes, 31 de octubre de 2014

Aturdidos

Y así nos encontramos viajando en el colectivo; estrujando el corazón con la palma de la mano, repletos de la vaga sensación de estar flotando. Perdidos, todos estamos perdidos.

El miedo nos persigue y parece nunca detenerse. Un sentimiento de asfixia colma los sentidos, al mismo tiempo que a través de la ventana se ve como cae la lluvia.

Ruidos y más ruidos se escuchan alrededor, sin saber con precisión de qué tratan. La ventana comienza a nublarse y nos sentimos envejecer muchos años.

La cabeza grita sin gritar, el eco distorsionando la empatía.

Siendo el único ápice de salvación una melodía de Pink Floyd, la dejamos resonar en la cabeza. Reproduciendo mentalmente The Wall, nos aferramos a aquella cordura lejana.

Afuera no para la tempestad.

Y ahora estamos mojados, enfermos, aturdidos.

El estrés convulsiona los razonamientos y el espíritu parece exclamar con hastío e irritación un “¡basta!”.

De la fuerza con la que lo asimos en la mano, el corazón se inclina a estallar.

Ya no hay empatía, no hay razonamiento, no hay una emoción de estar flotando; ni siquiera hay niebla.

Aturdidos, bajamos del colectivo. Y extremadamente mojados y enfermos nos hundimos en el miedo que a veces trae la lluvia. Es la paranoia silenciosa de un alma próximamente distópica; la pesadez de una ciudad que nunca duerme, el yugo de los ingenuos.

Estamos perdidos, todos perdidos.


martes, 28 de octubre de 2014

Lazos

Tengo tanto miedo de perder a gente que no conozco.

"Por favor, muerte llevame a mi".

Todavía es temprano, aun no es el momento. Dejalos un poco más, dejame conocerlos, dejame despedirme. Porque tienen mucho que dar, tienen mucho que ofrecer; que amar, que llorar, que cambiar, que vivir. No les arrebates sus años, sus sueños. No permitas que de ellos sólo queden escombros y relatos.

"Sólo un poco más".

Llevame a mi, pero concedeles el regalo de quedarse. Tengo tanto miedo de que se vayan. Tengo tanto miedo de perderlos sin haberlos conocido.Todavía es temprano, aun no es el momento.

"Por favor, muerte, sólo un día más".

Me siento tan sola en este mundo de millones de seres. Pero quienes los conocen no tienen porqué sentirse solos. No los abandones, muerte.

"Si tiene que ser una vida por otra, llevá la mía. Llevame a mi".


Tengo tanto miedo.


Lavanda

Sumisa, rodeada de jacarandás, desbordante de luz celeste.

Una guitarra discordante se oye a lo lejos mientras ella comienza a danzar.

Eleva sus brazos y repite los versos de un loco, inmersa en el estado transitorio a la pérdida de sentido, momento en el cual se reencontrará con su amigo el artista.

Un sentimiento de algo que va más allá de lo simple susurra una verdad absoluta. Parecía desde antes un tanto no convencional y ahora se asemeja a la sabiduría del viento.

¿Eran iguales el viento de antes y el de hoy?

¿Se estremecían Shakespeare o Lewis Carroll de la misma forma al caer la tarde y esconderse el sol tras la luna?

Matices de lila, rosa furioso y dorado se fusionan en el horizonte. Ella no se cree capaz de desviar la mirada e interrumpir su contemplación.

El más hermoso atardecer le roba su alma, fundiéndola en la identidad de la vida.

Luz celeste, luz transparente, casi color lavanda claro.

Un globo cae desde el cielo y se pasea por el parque. El agua se desliza por los azulejos y la luna se mantiene petrificada en forma de arco.

El día comienza a resquebrajarse para dar paso a la noche.

Ella llora y ríe, danzando. Guiada por una fuerza invisible de entendimiento con el cosmos.

Resuenan las teclas de un piano y se imagina con un vestido de seda.

De repente todo es color lavanda claro.

El color de las emociones distorsionadas, las lágrimas carentes de motivos, los pensamientos reflexivos, los atardeceres. El delineado del iris, la timidez, el arrebato de ruidos, la eternidad reluciente, los recuerdos, la capacidad de comprender. La fragilidad, la belleza; el delirio disfrazado de paz, nostálgico, empático. La acción de esgrimir un poema defendiéndose ante las mentes cerradas, el silencio que queda al no tener nada más que decir, el viento; las cutículas de las uñas, la estrategia del escritor, el manifiesto de un conjunto de palabras sin elocuencia pero absurdamente certeras;

El alma, la sabiduría, la perdición, la calma contradictoria, la aceptación, la indecisión, la personalidad.

Sumisa, rodeada de jacarandás, ella se arrastra discordante y delirante en una danza, transformando en pocos segundos su mundo entero en lavanda.

lunes, 27 de octubre de 2014

Un día saltó del puente

One day, quite a long time ago, a girl jumped over a bridge.

It was a summer’s day with a summer’s haze.

It was time for breakfast, early in the morning, when a girl jumped over a bridge.

There was music in the background, birds were flying around. No other sound was heard in the absence of dawn.

The blurry vision of a red dress with white dots, mixed with the silvery green of the trees at 9 o’clock.

The girl was running, the tables were turning. The wind was blowing and the cats were purring.

And it was then, in a summer’s day pierced by a summer’s haze, quite a long time ago, 9 years or so, in a morning without rain, when a girl jumped over a bridge.


https://www.youtube.com/watch?v=8eHj9Fev_Po

(3:13)

jueves, 9 de octubre de 2014

Personajes III

Ojos ámbar

Siempre me gustaron los libros y de vez en cuando alardear de ciertos conocimientos. Sin embargo, en esta ocasión mis labios se sellaron.

Él habló y continué extraviada en mi mundo.

Sus rastas castañas colgaron en armonía, apoyándose vagamente en sus hombros. Mi respiración se agitó durante un reducido lapso de tiempo; apenas un murmullo pasajero de estupefacción.

Mi acompañante compró el libro y entonces por fin me desprendí de mencionados orbes.

Lo deseché porque ya no era importante, ya no requería de mi consideración.

Solamente fue un agasajo a la vista de la mano de una tonalidad dorada.


Sail away

Suspendido en la estratósfera, con un vaso de vodka en la mano, evito  que las lágrimas se agolpen en mis ojos. Sumerjo  mi ser en aguas tranquilas que contribuyen a mi distracción y me trago el nudo en mi garganta que no me permite respirar.

El anillo se desliza silenciosamente de tu dedo y por un momento rememoro los tiempos en que todavía permanecía allí, fijado a tu pulgar. Anhelo escuchar aquella música que surgía de tu guitarra, rugiendo y haciendo eco a lo lejos, traspasando barreras geográficas y butacas vacías.

Tu pelo ondea con el viento, se revuelve mientras cruzás el umbral de la puerta para no volver.

Nunca más vas a volver.

Alice Cooper entona suavemente una melodía que casi me hace llorar. Es tanto lo que perdí ese día, es tanto lo que nos quedaba por delante.

“She cries alone at night too often…”

Masajeo levemente mi muñeca para bajar el estrés. Todavía hay que terminar la canción. Lo más delicadamente posible aparto un mechón de cabello de mi cara, colocándome frente al micrófono.

Una vez más intento transmitir mis emociones en vano y me arrojo al abismo al que pensé jamás regresaría. La tristeza abunda en demasía y me cuesta nuevamente llenar de aire mis pulmones. Me precipito hacia la introducción desesperado y un halo de desconcierto atraviesa los rostros de mis amigos, surcando brevemente el contorno de la quijada del moreno.

Y me siento solo sin poder remediarlo.

Cargado de sueños rotos y temblores fríos, trato de olvidarlo todo y coloco la pesada máscara en su lugar. Ya no se oye Alice Cooper y tampoco alcanzo a distinguir mi propia voz por sobre la batería.

Pero uno no puede simplemente dejar de añorar y recordar.

Y otra vez me hallo suspendido en la estratósfera, sin alas y sin el consuelo sofocante del vodka.


domingo, 5 de octubre de 2014

The Stolen Part

And so with a dilusional despair came the supposedly greatest idea.

Outside there was mizzling and a few droplets, just like tiny tears, were falling down her trembling hands. 
Only, they had already stopped quivering.

She stared at the very top of the building, pouring rain leaking from the ceiling.

A distant violin sound remained in her mind, the echo flowing in small circles resembling the deepest suffering. An uncertain fever had arisen from the constant victimization of the alter ego.

She wouldn’t jump but thought of it fondly.

The stove was turned off, since the lady had thought it didn’t need to warm the apartment. A grey mist slipped through the barely opened window and a teapot was boiling in the kitchen.

Maybe after all she did have cold feet. But wasn’t actually in the mood to admit it just yet.

Instead, she began writing about the rainstorm and the chaos bursting like laughter from inside of her.

Another day, another moment with a lonely troubled soul.

The lady felt sick, but nonetheless offered her friend the abandon a crooked smile.

She kept her eyes fixed on the paper, never leaving the awareness of the soothing melody of the bad weather.

But as soon as the woman finished some paragraph, she discerned the teapot wasn’t boiling anymore.

She wasn’t on her own.


She never truly was.



domingo, 21 de septiembre de 2014

Personajes II

The Drifter

Fue a eso de las cuatro de la tarde. Creí verte bajo un sol radiante de fines de invierno, cargando una mochila a mis hombros y repasando mentalmente los sucesos de un lejano 1870 referido al Marginalismo.

Ese día me había decidido a usar mi chaleco verde pastel y me hallaba de muy buen humor.

Vos venías en las nubes ataviado de una remera flúor y unos rulos rubios.

Y no sé si eras vos o era otro el que se detuvo a mirarme. Yo sólo seguí de largo; mis pies incapaces de frenar. Pero cuando volteé a verte en la distancia, sólo conseguí fijarme en tu espalda.

Miles de escenarios revolotearon en la retina de mis ojos. Yo tenía 16 años y enfrente de mi hablabas de Víctor Hugo. Por orgullo me hacía la tonta y charlaba con mi compañera de al lado. Acto II, conversábamos sobre Sherlock Holmes y casos criminales. Acto III te ibas de viaje de egresados y yo te extrañaba. Acto IV… el más triste de todos. Te alejabas en los brazos de una chica de pelo castaño mientras yo bailaba distraídamente con mis amigas.

Después corriste a la estación de ómnibus para jamás volver.

Mi amor platónico se esfumó y yo regresé al huerto de libros a fingir regocijo.

Y así y sencillamente así, creo verte dos años después cerca del parque. Apenas un vistazo en derredor bastó para despertar un sinfín de posibilidades olvidadas.

Pero todos tomamos decisiones en la vida y yo continué caminando impulsada por el destino.

Acto V finalizó el invierno y comenzó la primavera.


https://www.youtube.com/watch?v=gS9o1FAszdk


jueves, 18 de septiembre de 2014

Estimados ustedes

¿Esto es real? ¿Puede ser que hasta esto haya llegado?

Parece que toco fondo, pero nunca termino de caer.

Me siento impotente, estúpida, inútil.

Veo mi vida pasar frente a mis ojos y no me animo a detenerla. No puedo hacer nada y los segundos se escapan de mis dedos, escurriéndose entre mis manos.

Una hoja más, ya falta poco. Otra carilla que se puede. Pero la verdad es que no. No logro concentrarme, no puedo estudiar.

Sé que debería intentar: debería, debería, debería. Hay tanto que debería hacer.

Las excusas van y vienen y al no ser capaz de afrontar la realidad, me sumerjo en escritos y me reconstruyo en salidas nocturnas. Pero todo empeora al salir el sol o al acabarse la tinta.

Vuelven el remordimiento y la culpa, así como las dudas existenciales. ¿Es esto real?, ¿en verdad está sucediendo?

Busco constantemente algo que me sacuda, que me haga volver a entrar en razón. Pero mi cuerpo está congelado y mi voluntad inmovilizada.

Aconsejo y ayudo a las personas, pero carezco de información con respecto a cómo poner en funcionamiento mi propio mundo. O más bien; sé perfectamente lo que tengo que hacer, pero no logro conciliarlo.

Mi inspiración se desvanece así como mi apetito o mi memoria. Si antes tenía insomnio, ahora es exactamente el caso inverso. Me abstengo de despertar, porque estoy consciente de que ello significa responsabilidades y máscaras.

¿Podés verme? ¿Acaso no estoy desapareciendo?

Me cansé de cumplir expectativas, pero asimismo me persigue el hastío del momento en que no intento reforzarlas.

Estoy encerrada en la maldición de la vagancia y la impotencia. Pero todo va más allá. Y no acabo de entender qué es lo que me frena. ¿Miedo?, ¿tristeza? Ya nada es certero.

Y sólo me dejo caer sin realmente alcanzar el fondo, pero tampoco pudiendo levantarme.


Sálvenme. Por favor, si hay alguien ahí, quien sea, sálveme.



miércoles, 10 de septiembre de 2014

Stop

Shut up.

Seriously, you're not helping.

I know what I have to do but I just don't want to. Deep inside of me lies the most terrible despair and beyond there's only an empty hall covered in dust. I'm afraid my remembrance of love is badly hampered by my craziness.

Please tell me something I don't already know.

Or else, just maintain the silence. Let it whisper with unheard words of wisdom. Allow it to flow.

But here we go again. Please, keep quiet.


Shut up, shut up.

sábado, 6 de septiembre de 2014

I dare say you never even spoke to Time

A veces procuro optimizar el tiempo.

Hay situaciones en las que me dedico a realizar aquello que debo hacer y otras en que me dispongo a hacer lo que quiero.

Sin embargo, últimamente una variada cantidad de personas vienen acordando en que no sé exactamente cómo aprovechar el tiempo. Aprovechar... qué curiosa palabra.

En numerosas ocasiones me pregunto si cada quien posee diferentes formas de utilizar un lapso de segundos, minutos, horas, días, meses, años. Analizo sus historias ficticiamente y me cuestiono por sus intereses, sus obligaciones, sus metas, sus sueños, sus vacilaciones y titubeos.

Personas prolijamente maquilladas, cuidadosamente vestidas o instruídas con dedicación. Las hay por doquier y a pesar de ello, escasean dependiendo del contexto. Por ejemplo, no por estar un individuo delicadamente arreglado, significa que esté empeñado en su desarrollo intelectual, o viceversa.

Entonces, ¿en qué emplean el tiempo, su tiempo?

Quizá nunca se sabe con precisión. Me hallo convencida de que los seres humanos guardan secretos, pasiones celosamente silenciadas en lo profundo de sí mismos. Queriendo o no ver la luz, pero permaneciendo constantemente en el anonimato.

¿En qué optimizan su tiempo las gentes? ¿En reflexiones dolorosas, en recuerdos felices del pasado, en la nostalgia, en el presente, en el futuro?; ¿En el cumplimiento de deseos, en estrategias que maximizen su rendimiento día a día?

Quién sabe con exactitud.

Pues bien, si mi pasión por ende se considera "perder el tiempo", me declaro una derrochadora oficial, ya que al igual que las otras personas, estoy en mi absoluto derecho de elegir a qué dedicar el transcurso de los segundos, los minutos, las horas, los días, los meses, los años de mi vida.

Y en qué los dedico... pues... esa es otra cuestión. Me gusta considerarla como un enigma, un secreto esmeradamente custodiado por mi cabeza.


`Well, I'd hardly finished the first verse,' said the Hatter, `when the Queen jumped up and bawled out, "He's murdering the time! Off with his head!"'
`How dreadfully savage!' exclaimed Alice.

`And ever since that,' the Hatter went on in a mournful tone, `he won't do a thing I ask! It's always six o'clock now.'