viernes, 2 de diciembre de 2016

Voces

Al límite… mi persona está con frecuencia caminando sobre una cuerda floja. Él me habla.

 No te preocupes, a veces ellos tienen razón; confiá en los susurros. Los fantasmas de madrugada saben del miedo, pero poco les importa. Se arrastran aturdiendo al querido insomne; cual lúgubres sombras se deslizan atravesándole el pecho y dejando tras de sí las migajas de los recuerdos reprimidos. ¿Qué?, ¿no lo entendés todavía? Vos sos la presa y ellos, con su aliento gélido, tienen hambre de luz. A todos nos toca asistir al enfrentamiento.

– ¿Sabés qué? – exclamo, la voz desgarrando el silencio y consiguiendo alzarse por sobre la impotencia que antes me paralizaba. Él puede que sea el sobreviviente de esta farsa mía, pero no voy a cohibirme si debo desafiarlo.

Pero, ¿puede en verdad producirse tal desafío? Soy consciente de que no, si bien continúo luchando. No obstante, lo siento; el frío que cala los huesos me acaricia la columna; mis ojos se abren como los capullos de las flores en primavera y con una mirada furtiva recorro la habitación. Es demasiado tarde. Ya están acá.

Y durante unos instantes predomina el silencio.

Aprieto los labios y mis pupilas se expanden a causa del temor.

El arlequín me escudriña, expectante; su aspecto es jovial y burlón, su camisa a rombos se pega por el sudor a su figura esbelta. ¿Por qué se niega ella a aceptar la concurrencia? Parece preguntarse con sorna; ¿es que prefiere acaso la soledad?; ¿no comprende que a nadie le interesa una llama tenue?

–  A nadie…  – murmuro abatida, la voz apenas audible. Los párpados me resultan pesados, así que los cierro. Mi cuerpo cesa de luchar.

– ¿Ya terminaste? – cuestiona el arlequín.

Sí. A veces la derrota no es el equivalente del fracaso; a veces… sencillamente se sabe en un parpadeo si la batalla está perdida.

Y él es yo y yo soy él; dos voces trastornadas que se disputan en cautiverio, e intentan acallar a las otras.

Pero al fin y al cabo, la cuestión se reduce a rendirse o morir.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Longing

"Una margarita muere en vano. Sus pétalos caen; el llanto mana del mundo individual, precipitándose al existir universal. Denuncio precisamente este acto de injusticia, deseando que el culpable se arranque uno a uno sus sentimientos hasta perecer. Y es que si fallece, no será en vano; sino que honrará a la primavera".

Recientemente descubrí que alguien más entrelazó su historia con la tuya. Y es que fue otra quien pudo disolver una idea inconclusa y se vio capaz de generar un conflicto; ese característico choque entre dos fuerzas que la guió hacia una resolución desbordante de belleza.

Cómo desearía que mi soledad me permitiese un respiro; tan sólo uno para borrar la ilusión que me causaron tus sonrisas en esas mañanas oníricas.

Cómo me gustaría ser menos romántica, para dejar de alimentar quimeras destinadas a morir de hambre con una sacudida de la realidad.

"Una margarita muere en vano, al tiempo que el culpable extirpa sus emociones, con la precisión de un cirujano forjado en la profesión. No logra fallecer, pero en su llanto de pétalos honra al invierno de su sueño".

viernes, 16 de septiembre de 2016

Parálisis

Dedos de hierro se entrelazan con los míos; un gigante sombrío se posa en mi pecho y me asfixia cual almohada estrujando un rostro.

Los recovecos me observan y aúllan con un grito sordo, las paredes se achican y el pánico es mucho más pesado que el aire que congela la habitación.

Se estremecen las pupilas; la claustrofobia se aferra con garras de cazador al cabezal de la cama.

Azrael me susurra al oído “ya falta muy poco” y un escalofrío gélido trepa por mi espina dorsal.
Es mi quimera afable quien alimenta ahora los temores más profundos. Y las candilejas oníricas las que tartamudean con el murmullo del viento mortífero.

Por favor, piedad.

Un gusto metálico usurpa la superficie de mi lengua y en mis oídos retumba mi corazón desbocado. ¿O es lo que escucho la desesperación misma, que palpita en mis venas?

“De la infancia nadie sale ileso”. Cuánta verdad.
Se trata ahora de un baile de sombras.

viernes, 26 de agosto de 2016

lunes, 15 de agosto de 2016

Éxodo y Adversidad

Huir al norte nunca había significado una dificultad. 
Los romances iban y venían y su cobardía ante el amor la impulsaba a dejar atrás las historias que, ella sabía, carecían de un porvenir.

Escaparse de Sonora jamás había representado un desafío; siempre lo más complicado había sido regresar para luego volver a armar las valijas y disponerse a marchar.

Conducir hasta la frontera no había conferido hasta entonces mayor riesgo que aquél del extravío de un labial bissú.

Bueno... esto es... hasta que se encontró sin pasaporte en una encrucijada territorial, víctima del pánico y blanco de las miradas furtivas.

Huir al norte... de pronto había pasado a convertirse en la más peligrosa decisión de su vida.

Céfiro

Florie se enamoró del viento; esa ráfaga libre y un tanto fría, incorpórea y ligera; cayó rendida ante Lewis en menos de lo que dura un suspiro.

Pero él era volátil, distante, etéreo; él volaba por la vida con movimientos gráciles.

Sin embargo, el amado también podía enfadarse y rugir; azotar con su furia hasta a las montañas y arremeter contra la flora de los jardines aledaños; atravesar las nubes y acompañar a los truenos en una noche furiosa; soplar y soplar para avivar las llamas de un incendio.

Asimismo, el encantador Lewis podía entristecer; convertirse en apenas y una neblina solitaria por la tarde, o una ventisca gélida que provoca escalofríos.

Finalmente, era capaz de una ternura suave y que no empalagaba; una brisa matutina que acaricia la piel en el verano y se desliza por las ropas como un hálito tibio; podía refrescar las frentes que brillaban adornadas de perlas y apaciguar los ánimos de un conductor cuyo cuello se hallaba teñido de borgoña.

Y es que Florie no había logrado resistir la corriente que había hecho bailar sus cabellos y danzar a los pliegues de su vestido.

Pretty please

Regalame una incongruencia, una mentira original, un acertijo, un asombro, y un conflicto también; relatame un anhelo, compartí una inseguridad, una súplica y nombrame un miedo; espontáneamente pedime que sea tu cómplice en una corazonada; contame una historia, la que sea; rogame que luchemos contra un monstruo.


Beetle eyes

Me perturba la gente con ojos negros; desconfío de esos pozos profundos que parecen no tener fondo y que ocultan un sinfín de emociones en la forma en la cual la pupila se disuelve en el iris; oscuridad insondable y que incita un desafío. 
Ojos colmados de sombra; que al observar fijo generan una mezcla de nerviosismo e incertidumbre. 

Me reconozco inquieta a la hora de intentar descifrar sus misterios y develarlos al mundo. A veces hasta me despiertan un cierto romanticismo bestial; es la atracción hacia lo desconocido en discordancia con lo que repele la primera impresión. 
Son ojos que me mantienen en vela con una constancia preocupante; ojos de abismo, secretos y sombríos; lóbregas cavernas que susurran acertijos y que reflejan a la nada misma y al todo a la vez. Me perturban, sí... pero no por eso la curiosidad cesa ni interrumpe su fatalidad.

Keep Movin'

Con el tiempo aprendés a bailar bajo la lluvia, en vez de esperar a que pase la tormenta.

Hablo de algo

Morvin era feliz. De a lapsos, pero lo era.

Y con lapsos me refiero a esos cortos instantes que aparecen y se van en un parpadeo.

Morvin sabía que su existencia estaba marcada por sus sonrisas;

Él sabía que era feliz.

Y con sonrisas hablo de aquellas que dejan ver dientes blancos como perlas y se extienden por debajo de una delgada eme en el labio superior.

Morvin creía que era feliz.

Al menos algo debían significar esos momentos de carcajadas derrochadas y lágrimas de dicha; tal vez y en algo destacaban las espontáneas aventuras que realizaba cuando se sentía pleno.

¿Era Morvin feliz?

Se lo preguntaba a menudo, de a lapsos.


Pero se lo preguntaba.


NOrmal

– Amagué para la locura.

– Aun un mejor prospecto que el auto-engaño.

La manía del fénix

Ella se mostraba por fuera como un canvas en blanco.

Y yo en numeradas ocasiones le había sugerido que ella requería de un pincel para pintar su mundo de personalidad; aquella misma que no se atrevía a relucir;

Detrás de su blanca mascarada, contaba con una amplia gama de colores, que se desperdigaban en una paleta conformando un arcoiris; y es que poseía un salvajismo, romántico y feroz, que le exigía a los gritos ver la luz del día.

¿Que cómo lo sabía yo? simplemente por mi habilidad de mirar a través. Alguien hacía tiempo me había enseñado a observar con atención; a realmente observar.

A veces, sin embargo, no era tan sencilla la contemplación. Y era de suma importancia romper con el convencionalismo del lienzo en una explosión de matices. El resultado valía totalmente el esfuerzo; retazos cenicientos de una careta hecha trizas.

La cuestión, es que ella tenía en su pecho una llama que flameaba con fervor, amenazando con quemarla si pretendía dejarla extinguirse; la naturaleza así la había traído al mundo; voraz y con una urgencia de estallar en fuegos artificiales.


Monstruos de Asfalto

– ¿Sabés lo que es estar en una ciudad de la cual la mayoría de la gente se quiere marchar? Esta es una metrópolis colmada de ira, te digo; con una ferocidad que retuerce sensibilidades hasta hacerlas añicos y derrama alquitrán sobre la misericordia y la paciencia. Algunos hasta dirían que es a donde los sueños vienen a morir, tras haber sido torturados por la corrupción y los malos tragos. Cada vez a las personas se les desvanece más y más la esperanza, creeme. Y al final sólo queda una resignación amarga; un rencor que se construye diariamente a base de ladrillos de miedo, inseguridades y un profundo enfado destilado del odio mismo; todos ellos combinados con el cemento de la desesperación. 

– Y aun así... seamos sinceros, ¿vos te verías viviendo en cualquier otro sitio?



– Si pudiera escapar lo haría; cualquier lugar antes que este. Pero me falta coraje. Pasa que... ya me embargó una sensación de aborrecimiento por la humanidad que es difícil de borrar; y a veces pienso que hasta puede ser demasiado tarde para mi. Porque, te digo, a cualquier otro destino al que me dirija, siempre van a estar presentes los recuerdos desagradables de la violación al amor, el abuso a la cortesía, el arrebato de la inocencia y finalmente la soberbia y la avaricia, provenientes de la enfermedad que tuvo como consecuencia inmediata la sociedad fanatizada del hombre; aquella que me forjó, me desilusionó y abofeteó en el espíritu con una crueldad imperdonable. Sabés... el problema es... que no importa a dónde vaya, ahí voy a estar yo. El yo que nunca pudo regresar a sí mismo.


domingo, 19 de junio de 2016

Plethora of written mumbles

I'm at a loss for words when I stare deep into your eyes.

May I share a dream? A defined fantasy which would numbly stare back at our foreheads covered in sweat because of the astonishment of said trance. A vision, a mirage of two souls dancing in the surface of the water, who have long before fallen in love with the moon.

sábado, 4 de junio de 2016

Desintegró

A veces me deshago como una embarcación de papel asolada por las gruesas gotas de la lluvia.

Y en el instante en que contemplo indefensa cómo el navío insignia de mi flota se acerca peligrosamente a un remolino, es que las veo;

En el naufragio del barco, borroneadas sobre el pergamino, sólo quedan palabras; tinta que se desvanece en lo que tarda un suspiro en escapar de los labios de un enamorado irremediable. 
Y sé de buena fuente que lo conocen bien. Aquél poeta que no resiste dar su opinión frente a las más indebidas circunstancias; estúpida máquina creadora de clichés que serán otorgados a la próxima generación en formato de subterfugios. 

Me estremezco ante la devastadora escena que me devuelve la vista; las mayúsculas restantes se ahogan y los puntos no parece que hubieran jamás aprendido a nadar. ¿Qué será, me pregunto yo, de aquellas encantadoras líneas de diálogo?; ¿es que tampoco habrá un salvavidas para ellas?

Qué espantosamente cruel escenario del destino.

Las otrora completas oraciones se desprenden del material con un llanto desgarrador y del abismo incoloro sólo obtengo un silencio; cargado de pesadez; solemne y despiadado silencio. 

Engatusada

My Crush

“Vos a mi me volás la cabeza”.

Acá vamos de nuevo. Qué trillado.

Desvío la mirada para hacerme la difícil y no ceder terreno en este juego de orgullos que yo misma ideé para no aburrirme. Es el rol cantado de femme fatale; de seductora intrigante que quiere que te derritas.

Si al final funciona o no, esa es otra historia.

Pero el propósito está claro; buscarte. La estrategia, por otro lado, consiste en un “tira y empuja”; es decir, halagarte con disimulo en determinadas y calculadas situaciones, y hacerte sentir incómodo en aquellos momentos vitales.

Es una táctica rebuscada en un plano que podría ser impoluto; un conflicto armado en un espacio frecuentado por dos polos.

Y me frustra. Porque me guste o no, nunca nos hallamos en un ámbito que se preste a una relación distinta. Y si ese fuera el caso… por las dudas me dedico primero a tantear las aguas por miedo a estar equivocada en mis deducciones.

Y escribo, porque tengo que escribirlo. Y es que si no lo hago, el asunto me carcome por dentro.

No obstante, justo después de pretender que no se libra una batalla en mi panza cada vez que me dirigís la palabra o me clavás al asiento con un destello de tus ojos, confieso que convulsiono de los nervios. Simplemente me desarmás. Y a veces me avergüenza admitirlo.

Porque si hay una regla, es la que establece que una es quien debe controlar la situación y sus propias emociones.

Cada tanto, sin embargo, me complace mi accionar; me refiero a esos instantes en que mi rostro no evidencia absolutamente ni un ápice de atracción. Y entonces queda en vos descifrar el mensaje oculto detrás de mis sonrisas.

Sólo espero que poseas al menos una pizca de las habilidades fantásticas de Sherlock Holmes.

Porque me desesperás, me desconcentrás… y sobretodo cada día te idealizo otro poco.

Y eso nunca es una buena señal.

¿Te digo la razón exacta? La decodificación; eso puede provocar mi derrota. 

lunes, 30 de mayo de 2016

Súplica

Ella sabía.
Ella sabía de su dolor, de su soledad, de sus múltiples máscaras.
Y eligió lastimar porque era fácil.
Optó por ocultar sus propias verdades portando un sutil y transparente antifaz;
Una estratagema que conllevaba el mentir haciendo uso de una verdad fragmentada;
Muy diferente de la manera en que sabía ella escondía su ser.

Porque conocía sus pesadillas, sus horrores, sus culpas, sus cicatrices;
Creía entender cada tanto alguno de sus silencios;
Había crecido escudriñando sus sombras, las cuales también se multiplicaban con el día a día.
La había observado sangrar, pretendiendo que no lograba mirar.

Ella sabía.
Y sin embargo calló.
No dijo nada por el temor de perderse a sí misma en el proceso.
No dijo nada por arrogancia, incluso por subestimar; pero jamás por falta de empatía.
Y su egoísmo no fue en vano;
En efecto: ella continúa viva.
Pero ¿el precio?
Una vida despedazada y los monstruos trepando por las paredes, llegando a anidar en los rincones.

En diversas ocasiones intentó auto convencerse de que la amaba con fervor;
Se prometió arrojarle un salvavidas, con la certeza de que no sería capaz de salvarla.
Y rompió su promesa demasiado pronto. Y tal vez no la amó lo suficiente.

Perdón.
Sé que te quiero.
Y por fin entiendo que no somos dos partes de lo mismo;
Comprendo, herida casi de muerte, que no hay ni habrá un nosotras.

Supongo que nuestra principal diferencia es que vos sos mejor persona.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Escepticismo

¿Por qué?

¿Por qué yo?

¿Por qué nosotros?

Despierto aturdida del sopor que me genera últimamente salir "a tomar algo" y me veo desde fuera de mi cuerpo apoyada cual pordiosera en tu pecho. Qué vergüenza.

Espero que no consideres impertinente que te diga que no me entiendo.

No, no es arrogancia. Es más bien la clara representación de un capricho.

Bueno... seamos claros; sí me entiendo, pero no me gusta tener que explicarme. 

Disculpame, pero no me gustás.

Todo fue una farsa.

Supongo que con el tiempo y desesperando de soledad, llegué a convencerme a tal punto de mi propia puesta en escena, que colmé mi rostro de mentiras y tu ingenuo corazón de ensoñaciones.

Pero si hay algo que me forcé a no mencionar, es que mi alma es en sí un témpano de hielo.

Mientras tanto, alguien llegaría a auto engañarse, creyendo que está entre mis posibilidades el develar la verdad, cuando está claro que la actuación resulta ser por demás convincente. Porque no es una mera actuación, sino un mecanismo de defensa interiorizado. 

Mas, dejame preguntarte, ¿quién tiene la verdad?; ¿qué es éste concepto sino la subjetividad de una identidad particular? considero que la cuestión es bien relativa.

Mira; no quiero destruir tu mundo, pero admito que es más fácil realizar dicha tarea que ver derrumbarse el mío ante las garras del oscuro cinismo y la sorna de la incredulidad.

Y es que soy una mendiga que mendiga por mendigar; a veces atada al destino final de jamás poder enamorarme; soy una gárgola, inamovible y portadora fiel de una mueca de espanto.

¿Sabés lo que tiene de bueno la depresión, entre otra de sus poquísimas cosas? que nunca nadie será capaz de arrebatársela a su dueño.

No quiero decir que es lo único que tengo, pero sí establecer que es a lo que siempre inevitablemente se vuelve; es una característica de mi personalidad. ¿Podrías culparme?; decime, ¿quién en este mundo no está traumado?; ¿quién en este mundo sale ileso de la vida?;

¿Acaso no somos marionetas del labor de la fuerza del azar?

Probablemente no. Nada me hizo, yo me hice.

Y alcanzamos así un momento intrincado, porque ya no me parece que esté en orden pedir disculpas por quién soy.

Repito; ¿podrías culparme?; ¿quién en su sano juicio requiere de una explicación del porqué suceden los hechos en la línea de tiempo del que es el trayecto emocional de una persona?; si bien cualquier curioso tratase de entender y asimilar un aura, ¿te pensás que se cuestionaría de manera continua la razón de su indagación? Tal vez sí. 

No obstante, uno no debe, bajo ninguna circunstancia, intentar cambiar o moldear a un ser, que se halla de por sí en constante devenir, para sus propios fines. 

Y sencillamente, no me apetece de momento el discutir los para qué de la transformación. 

¿Por qué?

¿Por qué yo?

¿Por qué nosotros?


¿Y por qué no? Si al fin y al cabo podríamos ser títeres del destino.

¿Podríamos?... exacto. Porque nada me hizo, yo me hice

lunes, 28 de marzo de 2016

Vejez

Anciana; oriunda de una tierra sin nombre, anclada en el pasado y que exuda erudición;
Anciana; con alma de pergamino y calamidades corpóreas;
Anciana; de cabellos plateados y párpados pesados;
Anciana; cargando con el yugo de la presencia en guerras ajenas;
Anciana; con responsabilidades fragmentadas y cavilaciones lentas;
Anciana; con remordimientos y gratitud;
Anciana; habitante del envase material que ata al espíritu al mundo de los mortales;
Anciana; desencantada y encantada; prejuiciosa y que excede empatía a la vez.
Anciana; sus ojos olvidados en algún lugar del paisaje de antaño;
Anciana; extraviada en recuerdos almacenados en forma de carretes fotográficos que nunca se mandaron a revelar.
Anciana; de lúcida madurez y opaca ingenuidad.
Anciana; divagando y con el corazón hinchado de amor.

jueves, 3 de marzo de 2016

Aleteos

Sacudiéndose polvo de estrellas, se me acercaba con los bolsillos repletos de mariposas. Tenía el cabello enmarañado y portaba una sonrisa cómplice; sus mejillas estaban sonrosadas y arrastraba sus pies por el sendero, dejando a su paso un fino halo de plata.

Extraviada como estaba en su nirvana, había trepado por los árboles y pescado con sus manos un caballito de mar en una calesita. He de decir que era tal la forma en que me deslumbraba, que me sentía en un oasis índigo traído a mi por la melodía cantada por las sirenas de Neptuno, guardianas de la entrada al océano.

Sus iris brillaban con intensidad y las negras pupilas revelaban ventanas al pasado, nostálgicas; del rabillo de sus ojos parecía asomar un cuento.

Era una golondrina y yo un cuervo que escudriñaba con curiosidad su esplendor.

Esos minutos se evaporaban y éramos al fin testigos del atardecer.

Ahora lo sabía. Habíamos despertado en primavera.