Miedo. Paralizante, asfixiante. Miedo.
Una sombra se mueve detrás de mí. Y yo sólo corro con la
esperanza de no caer.
Un nudo comienza a formarse en mi garganta y siento que
pierdo mis fuerzas.
Finalmente desfallezco desamparada, mientras una ráfaga de
viento helado golpea mi rostro sin piedad. Mis manos permanecen gélidas y mi
cuerpo tiembla con una brusquedad inusitada.
Es la viva imagen de la desesperación frente a mis ojos. La
observo detenidamente, sometiéndola a un violento escrutinio. Ojos hinchados,
dedos entumecidos; lágrimas surcando las pálidas mejillas. Un semblante perdido
y ausente. Mechones de pelo cubriendo su rostro, en una danza descoordinada
contra la furia de la corriente.
Y a lo lejos, una presencia invisible. Un ápice de sospecha
escalofriante con un tinte de auténtico terror.
Una sombra se mueve detrás de mí. Y no sé lo que ello pueda
significar.
Sólo conozco el miedo. Paralizante,
asfixiante, solitario. Miedo.