domingo, 21 de septiembre de 2014

Personajes II

The Drifter

Fue a eso de las cuatro de la tarde. Creí verte bajo un sol radiante de fines de invierno, cargando una mochila a mis hombros y repasando mentalmente los sucesos de un lejano 1870 referido al Marginalismo.

Ese día me había decidido a usar mi chaleco verde pastel y me hallaba de muy buen humor.

Vos venías en las nubes ataviado de una remera flúor y unos rulos rubios.

Y no sé si eras vos o era otro el que se detuvo a mirarme. Yo sólo seguí de largo; mis pies incapaces de frenar. Pero cuando volteé a verte en la distancia, sólo conseguí fijarme en tu espalda.

Miles de escenarios revolotearon en la retina de mis ojos. Yo tenía 16 años y enfrente de mi hablabas de Víctor Hugo. Por orgullo me hacía la tonta y charlaba con mi compañera de al lado. Acto II, conversábamos sobre Sherlock Holmes y casos criminales. Acto III te ibas de viaje de egresados y yo te extrañaba. Acto IV… el más triste de todos. Te alejabas en los brazos de una chica de pelo castaño mientras yo bailaba distraídamente con mis amigas.

Después corriste a la estación de ómnibus para jamás volver.

Mi amor platónico se esfumó y yo regresé al huerto de libros a fingir regocijo.

Y así y sencillamente así, creo verte dos años después cerca del parque. Apenas un vistazo en derredor bastó para despertar un sinfín de posibilidades olvidadas.

Pero todos tomamos decisiones en la vida y yo continué caminando impulsada por el destino.

Acto V finalizó el invierno y comenzó la primavera.


https://www.youtube.com/watch?v=gS9o1FAszdk


jueves, 18 de septiembre de 2014

Estimados ustedes

¿Esto es real? ¿Puede ser que hasta esto haya llegado?

Parece que toco fondo, pero nunca termino de caer.

Me siento impotente, estúpida, inútil.

Veo mi vida pasar frente a mis ojos y no me animo a detenerla. No puedo hacer nada y los segundos se escapan de mis dedos, escurriéndose entre mis manos.

Una hoja más, ya falta poco. Otra carilla que se puede. Pero la verdad es que no. No logro concentrarme, no puedo estudiar.

Sé que debería intentar: debería, debería, debería. Hay tanto que debería hacer.

Las excusas van y vienen y al no ser capaz de afrontar la realidad, me sumerjo en escritos y me reconstruyo en salidas nocturnas. Pero todo empeora al salir el sol o al acabarse la tinta.

Vuelven el remordimiento y la culpa, así como las dudas existenciales. ¿Es esto real?, ¿en verdad está sucediendo?

Busco constantemente algo que me sacuda, que me haga volver a entrar en razón. Pero mi cuerpo está congelado y mi voluntad inmovilizada.

Aconsejo y ayudo a las personas, pero carezco de información con respecto a cómo poner en funcionamiento mi propio mundo. O más bien; sé perfectamente lo que tengo que hacer, pero no logro conciliarlo.

Mi inspiración se desvanece así como mi apetito o mi memoria. Si antes tenía insomnio, ahora es exactamente el caso inverso. Me abstengo de despertar, porque estoy consciente de que ello significa responsabilidades y máscaras.

¿Podés verme? ¿Acaso no estoy desapareciendo?

Me cansé de cumplir expectativas, pero asimismo me persigue el hastío del momento en que no intento reforzarlas.

Estoy encerrada en la maldición de la vagancia y la impotencia. Pero todo va más allá. Y no acabo de entender qué es lo que me frena. ¿Miedo?, ¿tristeza? Ya nada es certero.

Y sólo me dejo caer sin realmente alcanzar el fondo, pero tampoco pudiendo levantarme.


Sálvenme. Por favor, si hay alguien ahí, quien sea, sálveme.



miércoles, 10 de septiembre de 2014

Stop

Shut up.

Seriously, you're not helping.

I know what I have to do but I just don't want to. Deep inside of me lies the most terrible despair and beyond there's only an empty hall covered in dust. I'm afraid my remembrance of love is badly hampered by my craziness.

Please tell me something I don't already know.

Or else, just maintain the silence. Let it whisper with unheard words of wisdom. Allow it to flow.

But here we go again. Please, keep quiet.


Shut up, shut up.

sábado, 6 de septiembre de 2014

I dare say you never even spoke to Time

A veces procuro optimizar el tiempo.

Hay situaciones en las que me dedico a realizar aquello que debo hacer y otras en que me dispongo a hacer lo que quiero.

Sin embargo, últimamente una variada cantidad de personas vienen acordando en que no sé exactamente cómo aprovechar el tiempo. Aprovechar... qué curiosa palabra.

En numerosas ocasiones me pregunto si cada quien posee diferentes formas de utilizar un lapso de segundos, minutos, horas, días, meses, años. Analizo sus historias ficticiamente y me cuestiono por sus intereses, sus obligaciones, sus metas, sus sueños, sus vacilaciones y titubeos.

Personas prolijamente maquilladas, cuidadosamente vestidas o instruídas con dedicación. Las hay por doquier y a pesar de ello, escasean dependiendo del contexto. Por ejemplo, no por estar un individuo delicadamente arreglado, significa que esté empeñado en su desarrollo intelectual, o viceversa.

Entonces, ¿en qué emplean el tiempo, su tiempo?

Quizá nunca se sabe con precisión. Me hallo convencida de que los seres humanos guardan secretos, pasiones celosamente silenciadas en lo profundo de sí mismos. Queriendo o no ver la luz, pero permaneciendo constantemente en el anonimato.

¿En qué optimizan su tiempo las gentes? ¿En reflexiones dolorosas, en recuerdos felices del pasado, en la nostalgia, en el presente, en el futuro?; ¿En el cumplimiento de deseos, en estrategias que maximizen su rendimiento día a día?

Quién sabe con exactitud.

Pues bien, si mi pasión por ende se considera "perder el tiempo", me declaro una derrochadora oficial, ya que al igual que las otras personas, estoy en mi absoluto derecho de elegir a qué dedicar el transcurso de los segundos, los minutos, las horas, los días, los meses, los años de mi vida.

Y en qué los dedico... pues... esa es otra cuestión. Me gusta considerarla como un enigma, un secreto esmeradamente custodiado por mi cabeza.


`Well, I'd hardly finished the first verse,' said the Hatter, `when the Queen jumped up and bawled out, "He's murdering the time! Off with his head!"'
`How dreadfully savage!' exclaimed Alice.

`And ever since that,' the Hatter went on in a mournful tone, `he won't do a thing I ask! It's always six o'clock now.'


martes, 2 de septiembre de 2014

Mi historia Borgiana (2012)

El Tiempo de Tomás López

Dicen que sucedió una noche, en La Plaza Belgrano. Sí, eso dicen, pero es poco probable. Lo cierto es que alguien lo dijo una vez, y más tarde, la gente empezó a creer en el relato. Juan Mirabeles, él me lo contó a mí; y si bien no estoy seguro de qué pasó en verdad, esta es la única versión que conozco.

“Mi recuerdo de la historia es algo confuso e incierto, tal vez no tan fiel a la realidad, pero aún así, fiel a mi recuerdo de esta”; así me dijo Juan camino a la parada del colectivo. Pude notar que se sentía incómodo, nervioso, y sin embargo, continuó la narración, por lo que supuse que necesitaba desahogarse. Mientras la descripción de los hechos seguía su curso, comencé a enterarme del suceso ocurrido.

Una obsesión, un pacto de indiferencia, cierto acto de locura, y otras tragedias.

Particularmente, me había interesado la parte dramática del asunto; cuando debería haberle prestado atención a la demencia del pobre hombre. Pero ya es tarde para hacer conjeturas; “lo pasado, pisado”, como sostiene el dicho. Y si me hubiera guiado por todos los indicios posibles, no habría llegado jamás a la conclusión.

Tenía 22 años. Cabello oscuro, y ojos azabache. El nombre era Tomás López, y si mal no recuerdo, su estatura era de 1,70 metros. Era un sujeto callado, suspicaz y precavido. Alguien que no se fiaba de los demás, y aún menos de sí mismo. Trabajaba en una biblioteca, ordenando los libros por género y juntando los que se encontraban desparramados en el suelo.

Nadie jamás creyó que enloquecería de la forma en la que lo hizo. Si bien muchos sabían algo acerca de su pasión por los libros del destino, no pensaron que fuera posible que lo absorbieran. Y sin embargo, así fue. Se pasaba horas leyendo sobre tiempos alternativos, cuartos imaginarios, y puertas sin cerradura (por lo cual, decía que estaban abiertas).  Soñaba con personas extrañas, a las que pretendía conocer, y a la vez no; anhelaba la libertad de ese infierno, y la evaporación de esos pensamientos. Buscaba sin detenerse la mención de libros y autores apócrifos en las diferentes obras de los novelistas memorables, y no se detenía ni un segundo a corroborar si el relato era o no ficticio.

A partir de un día, en el cual leyó por casualidad “El Milagro Secreto”, comenzó a creer que perdía la cabeza, y desaparecía su uso de razón. La madre, asustada, llamó a un doctor para que le diera el diagnóstico, pero fue inútil. López estaba totalmente enloquecido.

Sin importar la cantidad de psicólogos y médicos que lo vieron, él no cambió jamás su postura de demencia. Durante mucho tiempo estuvo encerrado en su propia mente, y enfermo de intranquilidad. Los años pasaban delante de sus ojos, y él sólo le restaba importancia al asunto.

Finalmente, cierta noche de mayo, en la Plaza Belgrano, se suicidó. El velorio fue triste, en especial porque era tan joven. No mucha gente estuvo presente, ya que él había tomado de la vida lo mismo que no pudo de los libros: la soledad y el desprecio. Siempre había encontrado el cariño en esos volúmenes grandes, repletos de palabras en las páginas innumerables; pero nunca se había tomado la molestia de buscarlo en amigos o familiares (algo de lo que nadie supo si terminó arrepintiéndose).

Cuando al cabo de 4 meses, la madre de López decidió retirar los cuadros de las paredes, y vaciar la casa de los objetos de su hijo, encontró un diario. No se atrevió a leerlo, pero tampoco a desecharlo; y esta es la razón por la cual permaneció abandonado en la estantería de libros, juntando tierra con el pasar de los años.

 Una cálida tarde de verano en la que Juan Mirabeles, tío político de la hermana de López, decidió pasar a visitar la casa, tropezó con el dichoso librito, mientras rastreaba un ejemplar de “El Jardín de los Senderos que se Bifurcan”. En el preciso momento en que abrió el diario, se encontró con que estaba inconcluso; y a pesar de la suciedad y el polvo, consiguió descifrar algo en la primera página.


En ella habían escritas 5 palabras: “Me retiro al Tiempo Divino”.


Me llamo Azul (inspirado en "Me llamo Rojo" de Orhan Pamuk)



Yo estoy en el cielo, 

en las lágrimas de dicha y de dolor; 

en los lagos, los ríos, los mares tormentosos y los pequeños arroyos; 

en los ojos de un niño, en los manteles de ciertas mesas; 

me encuentro en el renacer de una relación,

soy los sentimientos, el frío, los sueños y el invierno. 

Pero también soy la alegría y a la vez un adiós.

A veces me confunden con el gris, pero el azul yo soy.



Personajes I


Nombre pendiente/Cinnamon Halle

Un fuerte perfume a limón se desprende de su ropa. La fragancia se eleva hacia los postigos y los ventanales. Lleva un vaso de café con canela en la mano derecha y cuando cierra sus párpados al aspirar el aroma, una fina línea gris se asoma por encima de sus pestañas.

La leve curvatura de su boca revela el atisbo de una sonrisa torcida.

Ella preferiría agregarle canela a su cortado, pero no encuentra un tarrito que contenga el ingrediente.

Con el correr desinteresado de las conversaciones, el observador va dándose cuenta de la peculiaridad en sus gestos. El breve aprecio de un sujeto paseándose junto a la ribera del río, la vacilación al cambiar de página, la mueca de disgusto dirigida a la bandeja abandonada al costado de la mesa.

Llama su atención haciéndole notar el pequeño pájaro silbador que se desplaza por el suelo del comedor. Ella sólo sonríe jovial, iluminando la media mañana.

De pronto decide que tiene que irse y pregunta amablemente al observador si éste no desea acompañarla. Y es así, que con un grácil asentimiento de cabeza se dirigen a la salida.

Al bordear una plaza y avanzar aproximadamente 10 metros, ella orienta sus pasos en la dirección contraria, agitando la mano y pronunciando un adiós.

Mientras aspira pausadas bocanadas de aire, el ahora espectador se desprende de la cítrica esencia que impregna sus fosas nasales luego de la partida de la dama.

Todavía no hay rastro de la canela.