miércoles, 7 de mayo de 2014

The Beauty and the Beast

Cómo me gusta perderme entre casas antiguas y plazas que nadie realmente ve. Lugares que la gente pasa de largo al restarles importancia. Una aldaba, una ventana, una terraza, un parquet. Árboles aquí y allá; ladrillos y cemento, conviviendo con guirnaldas entretejidas de una enredadera verde. El sol que se refleja en las hojas; la armonía de un sitio que no tiene apuro, que no va a ningún lado y que a la vez está en todos nosotros.


Eso es por lo cual cada día me enamoro más de esta gran ciudad: un retazo de vida en un monstruo de edificios. Una esperanza de que la ciudad no está por completo abandonada al capitalismo moderno; un ápice de poesía en un suelo de concreto.