jueves, 27 de febrero de 2014

Quiet Inside

El pasado parece acecharme a cada paso y camino que me arriesgo a tomar. Cual marca imborrable se instala en mi piel y en todas las conversaciones que mantengo.

No pudiendo evitarlo, siempre regresa para atormentarme. Hechos, palabras sin significado que alguna vez agregué siendo tan inmadura e infantil. Etapas, épocas anteriores. Pero que dejaron una huella que se asemeja a un vacío; una decepción más a la colección personal de recuerdos.

Y me siento desgraciada, carente de autoestima y con falta de convicción en mis diálogos. Cada sonido que abandona mis labios es un riesgo y aún lo tengo muy en claro. Innumerables mentiras pronunciadas antaño ahora se convierten lamentablemente en verdades abrumadoras. La desdicha del día a día no me permite respirar con facilidad y me cuesta pensar o hasta incluso dejar de hacerlo.

Esa amargura podría solamente compararse a la asfixiante situación de una soga rodeando mi cuello, ahogándome sin piedad. Un acto vil y cruel. Como las personas en general, como el ser humano, como nosotros mismos y las acciones que decidimos erróneamente perpetrar.

Y la maldición perdura; la sonrisa se borra de mi rostro con cada memoria narrada en mi cabeza e incrustada en mi ser al igual que un tumor.

Una nueva parte de mi alma muere y es suplantada por oleadas de dolor y rechazo.

No sé qué más decir, porque quizá ya no queda nada más por hablar.

La psique puede ser tan frágil que al menor movimiento logra quebrarse o desvanecerse en el horizonte lejano de la mente.

Y por mucho que lo intente, el pasado siempre va a estar presente; porque es una mochila que a cuestas me tocará llevar a lo largo de toda mi vida. Sin y con descanso, depende de si la ocasión lo amerita.

De lo único que puedo estar completamente segura es de que esta pesada carga es mía y sólo mía, porque una de mis elecciones fue soportarla.

Y así, sin más, voy a volcarme en una nube de páginas en blanco y sueños rotos, esperando a sentir aquella calma interior en donde nada importa y todo es importante a la vez.

Aún a pesar de que traté de encontrar la claridad en medio de la tormenta.

Porque nadie puede decir que sucumbí sin intentar.





jueves, 20 de febrero de 2014

The fall, The failure

¿Podés visualizar el curioso miedo que fluye por mis venas y arde cual feroz llama en mis ojos?

Aterrada observo el mundo girar a mi alrededor una vez más. Los sonidos se vuelven sordos, el eco retumba en mi agonía habitual y constante.


Al compás de la música y atravesando páginas de un libro, me dejo llevar y por un segundo me permito olvidar todas mis preocupaciones. Sólo imaginando una vez más un universo nuevo y alterno. Un mundo diferente al cual habitar con mi ilimitada imaginación. Sin fronteras, sin sumergirme en aquel mar de emociones en el que me empecino en ahogarme innumeradas veces. Solitario, pero irreal. Seguro, pero fantástico.


Y me olvido de la vida, de tu sonrisa, de todo.


Pero supongo que uno nunca logra librarse de uno mismo completamente. Y es ahi, con un sencillo y único pensamiento, que mis sueños se derrumban y la pena los devora; haciéndolos desaparecer al igual que el sol cuando cae la noche, expectante y ansiosa.


Infinitamente, se diluye lo maravilloso, causando muertes ficticias... y otro mundo vuelve a caer; desfalleciendo, haciéndonos cuestionar su verdadera existencia. Verdadera en el sentido abstracto de la mente, por supuesto.


Nada es real y todo lo es.


Lo conocido se está desvaneciendo, abriendo paso a lo que no es de nuestro conocer. Lo que creía familiar se esfuma y pronto ya no lo será.


La esperanza decae al igual que el espíritu. Los miedos regresan; vuelvo a sepultar mis sueños. Aunque sea temporalmente.


Pero aún así es una derrota.


Nuevamente caí.






miércoles, 5 de febrero de 2014

Sólo un segundo

Me gusta taparme los ojos con mi bufanda favorita y pretender que puedo desaparecer detrás del descolorido material. La lluvia me trae melancolía, pero también reflexión. A mi mente vuelven recuerdos y hasta pensamientos que van y vienen como meseros en un bar.

Sé que muy en el fondo mi mirada es tan frágil como el ala de una mariposa, y mi espíritu tan cambiante como el viento o el lago que está ubicado cerca de mi casa.

La gente me aterra y me fascina al mismo tiempo, al igual que las serpientes o las alturas.

Mi color favorito es el turquesa, el mismo del que fueron mis ojos en cierta ocasión; ahora grises e insondables.

Amo la diversidad en todos sus aspectos; el murmullo del viento en los árboles cuando cuenta una historia, susurrante.

Siempre odié a la gente falsa, indiferente o mentirosa, si bien yo nunca me quedé atrás en ninguno de estos aspectos.

Detesto las clasificaciones y las etiquetas, pero soy su principal arquitecta y quien a su vez, más las utiliza. Porque juzgo, critico y venero.  Por lo general a todos por igual, nadie queda excluido.

Soy solitaria y a veces me siento vacía. Mi rol en esta obra de teatro a la cual denominamos “vida” de seguro es el de protagonista; pero aún no estoy convencida de que en el escenario se actúe una comedia.

Y ser o no ser, así seguimos. Creo que soy dramática, romántica, pasional, inquieta y quieta; desordenada, ordenada, aburrida y excepcional a mi manera.

Algunos dicen que carezco de originalidad; otros afirman lo contrario, llamándome excéntrica.

Los últimos días antes de mi partida a Buenos Aires están siendo tediosos. Cada vez más.

Los segundos se hacen lentos, los minutos largos y las horas eternas.

No veo el instante de salir de la putrefacción y monotonía de mi letargo, si bien tampoco estoy particularmente interesada en abandonarlo.

Estoy sumergida en agua estancada, o en una laguna petrificada. Anhelo huir, pero me demora la demora misma. No puedo dormir, me cuesta dejar de pensar o soñar despierta.

Porque ese es otro de mis placeres: imaginar con los ojos abiertos. Otros universos, escenarios diferentes al mío, paisajes alternos y extravagantes (que curiosamente siempre tienen retazos de mi propia casa); fantasías infantiles que quisiera realizar.

Qué no daría por estar atrapada junto a las sirenas y Peter Pan; con las hadas y los piratas. Luchando contra orcos y trolls en la Edad Media, o siguiendo el camino amarillo acompañada por Dorothy.

Por hablar con el Gato Rizón o con el Sombrerero, visitando a la Liebre de Marzo y a Diana.

Perdida en mi universo sin límites de la imaginación. Ese que yo creé y sigo creando, transformándolo día a día en lo que me plazca.

Soñándome con alas, o elevada en el aire por un paraguas rojo o azul.

Pero… todos sabemos que alcanzarlo y permanecer allí es una utopía, a menos que se desee estar en coma por un largo tiempo. Y esto me lleva así a otra pregunta, de las cuales tengo miles, ¿qué se sentirá hallarse en coma, nunca sabiendo si la muerte se acerca o se aleja de nuestro existir? Y, al fin y al cabo, ¿qué es la existencia?; ¿Transfiguramos o destrozamos nuestro universo?; ¿Quién es el responsable de dirigirlo sino?; ¿Somos los directores de la película que llevamos en la vida?

Tantas preguntas y tan pocas respuestas. Ninguna certeza y millones de dudas. Incertidumbre e ignorancia. Tan sólo pudiéndonos aferrar a lo mínimo que sabemos sobre nosotros mismos.

Mejor sigo caminando silenciosa hacia donde me guíen el viento y el reflejo en el agua. Divagando sobre espejismos en desiertos emocionales. Hacia la roca que en la infancia parecía tan vasta y me completaba, sin parar hasta los brazos de los árboles que me contuvieron cuando gritaba de dolor, mientras el llanto ahogaba mis sueños y los convertía en pesadillas.

Permitiré que la lluvia limpie mis lágrimas internas, que se rehúsan a salir para aliviarme de una vez por todas.

Y así, abrumada y aturdida por todo y todos, voy a proseguir a cubrirme los ojos con mi bufanda favorita, jugando a que logro desaparecer tras sus hebras desgastadas.

Sólo un segundo, un minuto, una hora más.


lunes, 3 de febrero de 2014

The Joker Impression

Ayer tuve un sueño.

Estaba resolviendo un caso policial; ya estaba en un momento crítico y con ansias de atrapar al asesino.

Nos encontrábamos frente a frente, rodeados de escombros; él sonreía, macabro. De alguna extraña manera me hizo acordar a The Joker; tal vez por esos ojos dementes y desquiciados, o por las sombras que generaba aquella mueca en su rostro.

Lo observé fija y analíticamente, sus movimientos, aguardando el mejor instante para atacar. Cautelosa, intentaba no aproximarme con demasiada rapidez.

No bastaba una sola palabra; la cercanía denotaba cada uno de nuestros pensamientos.


Y de repente, en aquel momento, una luz me cegó. El culpable se escurrió de mis manos, escapando así mismo del sueño y de la escena clave del caso. Desperté con la certeza de que había fallado. Él seguía suelto.


Abrupta y naciente Indiferencia


Y tan fría como un paisaje invernal, me dejo guiar por la inexperiencia de la acreciente maldad que se está forjando en mí, delirando de pura fascinación ante la sola idea de un cambio mayúsculo;

Un cambio que acabaría para siempre con mi moral, destruiría mi razón y usurparía mis sentidos;


Un cambio que deseé que sucediera; uno que no es del todo relevante al haber existido desde tiempos inmemorables; uno que no es cambio, sino que se ha transformado en realidad.

My dearest Dorian Gray

Era la rosa más bella que alguien jamás le hubiera obsequiado.

Sus aterciopelados pétalos carmín bañados de rocío, simulaban la pasión misma de Eros al permitirse que una de sus flechas diera en el corazón de la persona correspondiente a la frágil flor. Los mortecinos labios del joven, curvados en una bella y delicada sonrisa, burlaban al paso del tiempo al saberse perfecta su única y magnífica juventud; un secreto guardado celosamente, arrinconado en lo más profundo de su alma, en lo eternamente fatal de sus ojos.

Muchos decían que aquellos abismos oscuros denotaban el hechizante anhelo del deseo y la lujuria desenfrenados; ahora yo lograba por fin comprobar acertadamente el rumor.

Lo cierto era que tal ser precioso no podía ser más exquisitamente imperfecto. Más bien, era el mismo Diablo disfrazado del Príncipe azul; un engaño que sutilmente se entreveía en su mirada con deleite; en aquellos ojos que le quitaban la moral a uno y lo hacían imaginarse espirales indefinidos de la más honesta incertidumbre y el más errante y consecuente infortunio.

Antes de trabar amistad con él, uno ya sabía que le había regalado su persona y entregado su corazón, afrontando la desgracia que esto conllevaría.

Pues Dorian Gray, no era más que un individuo encantador por el hecho de abandonarse a lo prohibido, a los pecados de la existencia considerados como tales por personas muy inseguras, ingenuas y aterradas como para sentir sin pensar; permitirse el dominio total de los sentidos, el azar y el fuego desbordante de la pasión. Por personas que se escondían tras una máscara de rectitud al verse incapaces de aceptar gustosamente sus instintos, algunos de los más perversos.

Y Dorian Gray, justamente, era quien se reía con sorna, despectivamente de todos ellos, personificando la más asquerosa y divina sensualidad.