El pasado parece acecharme a cada paso y camino que me
arriesgo a tomar. Cual marca imborrable se instala en mi piel y en todas las
conversaciones que mantengo.
No pudiendo evitarlo, siempre regresa para atormentarme. Hechos, palabras sin significado que alguna vez agregué siendo tan inmadura e infantil. Etapas, épocas anteriores. Pero que dejaron una huella que se asemeja a un vacío; una decepción más a la colección personal de recuerdos.
Y me siento desgraciada, carente de autoestima y con falta de convicción en mis diálogos. Cada sonido que abandona mis labios es un riesgo y aún lo tengo muy en claro. Innumerables mentiras pronunciadas antaño ahora se convierten lamentablemente en verdades abrumadoras. La desdicha del día a día no me permite respirar con facilidad y me cuesta pensar o hasta incluso dejar de hacerlo.
Esa amargura podría solamente compararse a la asfixiante situación de una soga rodeando mi cuello, ahogándome sin piedad. Un acto vil y cruel. Como las personas en general, como el ser humano, como nosotros mismos y las acciones que decidimos erróneamente perpetrar.
Y la maldición perdura; la sonrisa se borra de mi rostro con cada memoria narrada en mi cabeza e incrustada en mi ser al igual que un tumor.
Una nueva parte de mi alma muere y es suplantada por oleadas de dolor y rechazo.
No sé qué más decir, porque quizá ya no queda nada más por hablar.
La psique puede ser tan frágil que al menor movimiento logra quebrarse o desvanecerse en el horizonte lejano de la mente.
Y por mucho que lo intente, el pasado siempre va a estar presente; porque es una mochila que a cuestas me tocará llevar a lo largo de toda mi vida. Sin y con descanso, depende de si la ocasión lo amerita.
De lo único que puedo estar completamente segura es de que esta pesada carga es mía y sólo mía, porque una de mis elecciones fue soportarla.
Y así, sin más, voy a volcarme en una nube de páginas en blanco y sueños rotos, esperando a sentir aquella calma interior en donde nada importa y todo es importante a la vez.
Aún a pesar de que traté de encontrar la claridad en medio de la tormenta.
Porque nadie puede decir que sucumbí sin intentar.
