My Crush
“Vos a mi me volás la
cabeza”.
Acá vamos de nuevo. Qué
trillado.
Desvío la mirada para
hacerme la difícil y no ceder terreno en este juego de orgullos que yo misma
ideé para no aburrirme. Es el rol cantado de femme fatale; de seductora intrigante que quiere que te derritas.
Si al final funciona o no,
esa es otra historia.
Pero el propósito está
claro; buscarte. La estrategia, por otro lado, consiste en un “tira y empuja”;
es decir, halagarte con disimulo en determinadas y calculadas situaciones, y
hacerte sentir incómodo en aquellos momentos vitales.
Es una táctica rebuscada en
un plano que podría ser impoluto; un conflicto armado en un espacio frecuentado
por dos polos.
Y me frustra. Porque me
guste o no, nunca nos hallamos en un ámbito que se preste a una relación
distinta. Y si ese fuera el caso… por las dudas me dedico primero a tantear las
aguas por miedo a estar equivocada en mis deducciones.
Y escribo, porque tengo que
escribirlo. Y es que si no lo hago, el asunto me carcome por dentro.
No obstante, justo después
de pretender que no se libra una batalla en mi panza cada vez que me dirigís la
palabra o me clavás al asiento con un destello de tus ojos, confieso que convulsiono
de los nervios. Simplemente me desarmás. Y a veces me avergüenza admitirlo.
Porque si hay una regla, es
la que establece que una es quien debe controlar la situación y sus propias
emociones.
Cada tanto, sin embargo, me
complace mi accionar; me refiero a esos instantes en que mi rostro no evidencia
absolutamente ni un ápice de atracción. Y entonces queda en vos descifrar el
mensaje oculto detrás de mis sonrisas.
Sólo espero que poseas al
menos una pizca de las habilidades fantásticas de Sherlock Holmes.
Porque me desesperás, me
desconcentrás… y sobretodo cada día te idealizo otro poco.
Y eso nunca es una buena
señal.
¿Te digo la razón exacta? La
decodificación; eso puede provocar mi derrota.