viernes, 31 de octubre de 2014

Aturdidos

Y así nos encontramos viajando en el colectivo; estrujando el corazón con la palma de la mano, repletos de la vaga sensación de estar flotando. Perdidos, todos estamos perdidos.

El miedo nos persigue y parece nunca detenerse. Un sentimiento de asfixia colma los sentidos, al mismo tiempo que a través de la ventana se ve como cae la lluvia.

Ruidos y más ruidos se escuchan alrededor, sin saber con precisión de qué tratan. La ventana comienza a nublarse y nos sentimos envejecer muchos años.

La cabeza grita sin gritar, el eco distorsionando la empatía.

Siendo el único ápice de salvación una melodía de Pink Floyd, la dejamos resonar en la cabeza. Reproduciendo mentalmente The Wall, nos aferramos a aquella cordura lejana.

Afuera no para la tempestad.

Y ahora estamos mojados, enfermos, aturdidos.

El estrés convulsiona los razonamientos y el espíritu parece exclamar con hastío e irritación un “¡basta!”.

De la fuerza con la que lo asimos en la mano, el corazón se inclina a estallar.

Ya no hay empatía, no hay razonamiento, no hay una emoción de estar flotando; ni siquiera hay niebla.

Aturdidos, bajamos del colectivo. Y extremadamente mojados y enfermos nos hundimos en el miedo que a veces trae la lluvia. Es la paranoia silenciosa de un alma próximamente distópica; la pesadez de una ciudad que nunca duerme, el yugo de los ingenuos.

Estamos perdidos, todos perdidos.


martes, 28 de octubre de 2014

Lazos

Tengo tanto miedo de perder a gente que no conozco.

"Por favor, muerte llevame a mi".

Todavía es temprano, aun no es el momento. Dejalos un poco más, dejame conocerlos, dejame despedirme. Porque tienen mucho que dar, tienen mucho que ofrecer; que amar, que llorar, que cambiar, que vivir. No les arrebates sus años, sus sueños. No permitas que de ellos sólo queden escombros y relatos.

"Sólo un poco más".

Llevame a mi, pero concedeles el regalo de quedarse. Tengo tanto miedo de que se vayan. Tengo tanto miedo de perderlos sin haberlos conocido.Todavía es temprano, aun no es el momento.

"Por favor, muerte, sólo un día más".

Me siento tan sola en este mundo de millones de seres. Pero quienes los conocen no tienen porqué sentirse solos. No los abandones, muerte.

"Si tiene que ser una vida por otra, llevá la mía. Llevame a mi".


Tengo tanto miedo.


Lavanda

Sumisa, rodeada de jacarandás, desbordante de luz celeste.

Una guitarra discordante se oye a lo lejos mientras ella comienza a danzar.

Eleva sus brazos y repite los versos de un loco, inmersa en el estado transitorio a la pérdida de sentido, momento en el cual se reencontrará con su amigo el artista.

Un sentimiento de algo que va más allá de lo simple susurra una verdad absoluta. Parecía desde antes un tanto no convencional y ahora se asemeja a la sabiduría del viento.

¿Eran iguales el viento de antes y el de hoy?

¿Se estremecían Shakespeare o Lewis Carroll de la misma forma al caer la tarde y esconderse el sol tras la luna?

Matices de lila, rosa furioso y dorado se fusionan en el horizonte. Ella no se cree capaz de desviar la mirada e interrumpir su contemplación.

El más hermoso atardecer le roba su alma, fundiéndola en la identidad de la vida.

Luz celeste, luz transparente, casi color lavanda claro.

Un globo cae desde el cielo y se pasea por el parque. El agua se desliza por los azulejos y la luna se mantiene petrificada en forma de arco.

El día comienza a resquebrajarse para dar paso a la noche.

Ella llora y ríe, danzando. Guiada por una fuerza invisible de entendimiento con el cosmos.

Resuenan las teclas de un piano y se imagina con un vestido de seda.

De repente todo es color lavanda claro.

El color de las emociones distorsionadas, las lágrimas carentes de motivos, los pensamientos reflexivos, los atardeceres. El delineado del iris, la timidez, el arrebato de ruidos, la eternidad reluciente, los recuerdos, la capacidad de comprender. La fragilidad, la belleza; el delirio disfrazado de paz, nostálgico, empático. La acción de esgrimir un poema defendiéndose ante las mentes cerradas, el silencio que queda al no tener nada más que decir, el viento; las cutículas de las uñas, la estrategia del escritor, el manifiesto de un conjunto de palabras sin elocuencia pero absurdamente certeras;

El alma, la sabiduría, la perdición, la calma contradictoria, la aceptación, la indecisión, la personalidad.

Sumisa, rodeada de jacarandás, ella se arrastra discordante y delirante en una danza, transformando en pocos segundos su mundo entero en lavanda.

lunes, 27 de octubre de 2014

Un día saltó del puente

One day, quite a long time ago, a girl jumped over a bridge.

It was a summer’s day with a summer’s haze.

It was time for breakfast, early in the morning, when a girl jumped over a bridge.

There was music in the background, birds were flying around. No other sound was heard in the absence of dawn.

The blurry vision of a red dress with white dots, mixed with the silvery green of the trees at 9 o’clock.

The girl was running, the tables were turning. The wind was blowing and the cats were purring.

And it was then, in a summer’s day pierced by a summer’s haze, quite a long time ago, 9 years or so, in a morning without rain, when a girl jumped over a bridge.


https://www.youtube.com/watch?v=8eHj9Fev_Po

(3:13)

jueves, 9 de octubre de 2014

Personajes III

Ojos ámbar

Siempre me gustaron los libros y de vez en cuando alardear de ciertos conocimientos. Sin embargo, en esta ocasión mis labios se sellaron.

Él habló y continué extraviada en mi mundo.

Sus rastas castañas colgaron en armonía, apoyándose vagamente en sus hombros. Mi respiración se agitó durante un reducido lapso de tiempo; apenas un murmullo pasajero de estupefacción.

Mi acompañante compró el libro y entonces por fin me desprendí de mencionados orbes.

Lo deseché porque ya no era importante, ya no requería de mi consideración.

Solamente fue un agasajo a la vista de la mano de una tonalidad dorada.


Sail away

Suspendido en la estratósfera, con un vaso de vodka en la mano, evito  que las lágrimas se agolpen en mis ojos. Sumerjo  mi ser en aguas tranquilas que contribuyen a mi distracción y me trago el nudo en mi garganta que no me permite respirar.

El anillo se desliza silenciosamente de tu dedo y por un momento rememoro los tiempos en que todavía permanecía allí, fijado a tu pulgar. Anhelo escuchar aquella música que surgía de tu guitarra, rugiendo y haciendo eco a lo lejos, traspasando barreras geográficas y butacas vacías.

Tu pelo ondea con el viento, se revuelve mientras cruzás el umbral de la puerta para no volver.

Nunca más vas a volver.

Alice Cooper entona suavemente una melodía que casi me hace llorar. Es tanto lo que perdí ese día, es tanto lo que nos quedaba por delante.

“She cries alone at night too often…”

Masajeo levemente mi muñeca para bajar el estrés. Todavía hay que terminar la canción. Lo más delicadamente posible aparto un mechón de cabello de mi cara, colocándome frente al micrófono.

Una vez más intento transmitir mis emociones en vano y me arrojo al abismo al que pensé jamás regresaría. La tristeza abunda en demasía y me cuesta nuevamente llenar de aire mis pulmones. Me precipito hacia la introducción desesperado y un halo de desconcierto atraviesa los rostros de mis amigos, surcando brevemente el contorno de la quijada del moreno.

Y me siento solo sin poder remediarlo.

Cargado de sueños rotos y temblores fríos, trato de olvidarlo todo y coloco la pesada máscara en su lugar. Ya no se oye Alice Cooper y tampoco alcanzo a distinguir mi propia voz por sobre la batería.

Pero uno no puede simplemente dejar de añorar y recordar.

Y otra vez me hallo suspendido en la estratósfera, sin alas y sin el consuelo sofocante del vodka.


domingo, 5 de octubre de 2014

The Stolen Part

And so with a dilusional despair came the supposedly greatest idea.

Outside there was mizzling and a few droplets, just like tiny tears, were falling down her trembling hands. 
Only, they had already stopped quivering.

She stared at the very top of the building, pouring rain leaking from the ceiling.

A distant violin sound remained in her mind, the echo flowing in small circles resembling the deepest suffering. An uncertain fever had arisen from the constant victimization of the alter ego.

She wouldn’t jump but thought of it fondly.

The stove was turned off, since the lady had thought it didn’t need to warm the apartment. A grey mist slipped through the barely opened window and a teapot was boiling in the kitchen.

Maybe after all she did have cold feet. But wasn’t actually in the mood to admit it just yet.

Instead, she began writing about the rainstorm and the chaos bursting like laughter from inside of her.

Another day, another moment with a lonely troubled soul.

The lady felt sick, but nonetheless offered her friend the abandon a crooked smile.

She kept her eyes fixed on the paper, never leaving the awareness of the soothing melody of the bad weather.

But as soon as the woman finished some paragraph, she discerned the teapot wasn’t boiling anymore.

She wasn’t on her own.


She never truly was.