sábado, 4 de junio de 2016

Desintegró

A veces me deshago como una embarcación de papel asolada por las gruesas gotas de la lluvia.

Y en el instante en que contemplo indefensa cómo el navío insignia de mi flota se acerca peligrosamente a un remolino, es que las veo;

En el naufragio del barco, borroneadas sobre el pergamino, sólo quedan palabras; tinta que se desvanece en lo que tarda un suspiro en escapar de los labios de un enamorado irremediable. 
Y sé de buena fuente que lo conocen bien. Aquél poeta que no resiste dar su opinión frente a las más indebidas circunstancias; estúpida máquina creadora de clichés que serán otorgados a la próxima generación en formato de subterfugios. 

Me estremezco ante la devastadora escena que me devuelve la vista; las mayúsculas restantes se ahogan y los puntos no parece que hubieran jamás aprendido a nadar. ¿Qué será, me pregunto yo, de aquellas encantadoras líneas de diálogo?; ¿es que tampoco habrá un salvavidas para ellas?

Qué espantosamente cruel escenario del destino.

Las otrora completas oraciones se desprenden del material con un llanto desgarrador y del abismo incoloro sólo obtengo un silencio; cargado de pesadez; solemne y despiadado silencio. 

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