Constantemente se hallaban en la búsqueda de aventuras más
allá de lo asequible. Palpaban lo perfecto en una forma íntimamente metafísica
y de repente el mundo adquiría un nuevo significado. Ella era mágica,
simplemente mágica.
Aunque encerradas en su mundo único de fantasía, comprendían
la realidad como nadie nunca jamás lo había hecho.Y sabían que eran especiales;
de alguna forma siempre lo supieron.
Un día mientras corrían por el inmenso parque repleto de
flores amarillas, se preguntaron si su amistad duraría más que los años. Y por supuesto, no
quisieron saber la respuesta. Solamente formularon la cuestión en voz alta como
un agregado a las otras miles de preguntas habituales.
Y Alicia se dejó llevar sonriente mientras la otra sólo la
observaba con admiración.
Y otro día más siguió su curso pasando de largo. Y en ese
instante no pensaron en años, ni en el futuro, ni en crecer. Sólo existía su
mundo y eso era lo que importaba. Porque eran especiales y lo sabían y porque
Alicia siempre sería Alicia.
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