Me encantan los días en que no hay tiempo. Aquellos en los que uno se
levanta y finge que son las diez de la mañana; los que uno atesora y guarda en
el cajón de los objetos valiosos.
Me encantan los momentos en que no existen los relojes, ni los
calendarios, ni nada en realidad. Sin horarios, sin reglas; sin tener a dónde
ir ni nada que hacer en un futuro inmediato.
Me encantan las mesas de desayuno al mediodía, las camas sin hacer, los
pelos alborotados, las colillas de cigarrillos en el cenicero de vidrio.
Siempre me agradaron el olor del café a las once de la noche de un sábado, los
platos sin lavar amontonados en la pileta por la tarde, sin que nadie se
moleste en pasarles una esponja.
Me encantan las bañaderas para estrenar, las mantas del sanitario
colgadas de la mampara, esperando a secarse; el calor que emana de un plato
recién hecho de fideos listo para ser devorado a deshoras.
Me encantan los vasos de cerveza vacíos, bien temprano, cuando está
amaneciendo; el esmalte corrido, la cara sin haber sido desmaquillada, con
restos de rímel y rastros de un carmín dibujando el contorno de los labios;
Retazos de un poema borroneados en una servilleta-manuscrito que hizo
las de boceto en manos de un escritor borracho.
Me encantan los días en que no siento la culpa de “perder el tiempo”, ni
me deprimo al ver la bata azul celeste apoyada en el extremo de mi cama.
Aquellos en los cuales no me siento mal por dejar que las horas corran, por
permitir que se apile la vajilla, por olvidar estirar las sábanas.
Porque en esos días… en esos días soy real. Me entiendo verdadera y me
admiro en todo mi esplendor humano. En esos días, estoy en paz con mis defectos
y mis errores, y compartimos una taza de té junto con los aciertos y las
virtudes.
En esos días puedo ser yo, verosímil. Sin apuro, sin prisa o cautela, sin
precaución. No existe el tiempo, no se asimilan las normas, no me llaman por
celular o ni remotamente considero atenderlo.
En esos días, curiosamente, al no haber conteo de los minutos, me siento
plenamente consciente de que existo.
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