Ella sabía.
Ella sabía de su dolor, de
su soledad, de sus múltiples máscaras.
Y eligió lastimar porque
era fácil.
Optó por ocultar sus
propias verdades portando un sutil y transparente antifaz;
Una estratagema que
conllevaba el mentir haciendo uso de una verdad fragmentada;
Muy diferente de la manera
en que sabía ella escondía su ser.
Porque conocía sus
pesadillas, sus horrores, sus culpas, sus cicatrices;
Creía entender cada tanto
alguno de sus silencios;
Había crecido escudriñando
sus sombras, las cuales también se multiplicaban con el día a día.
La había observado sangrar,
pretendiendo que no lograba mirar.
Ella sabía.
Y sin embargo calló.
No dijo nada por el temor
de perderse a sí misma en el proceso.
No dijo nada por
arrogancia, incluso por subestimar; pero jamás por falta de empatía.
Y su egoísmo no fue en
vano;
En efecto: ella continúa
viva.
Pero ¿el precio?
Una vida despedazada y los
monstruos trepando por las paredes, llegando a anidar en los rincones.
En diversas ocasiones
intentó auto convencerse de que la amaba con fervor;
Se prometió arrojarle un
salvavidas, con la certeza de que no sería capaz de salvarla.
Y rompió su promesa
demasiado pronto. Y tal vez no la amó lo suficiente.
Perdón.
Sé que te quiero.
Y por fin entiendo que no
somos dos partes de lo mismo;
Comprendo, herida casi de
muerte, que no hay ni habrá un nosotras.
Supongo que nuestra
principal diferencia es que vos sos mejor persona.
No hay comentarios:
Publicar un comentario