domingo, 28 de mayo de 2017

Jacintos

4:00 a.m. y un poco más...

Tengo pegada tu mirada a la retina de mis ojos. El recuerdo de tu risa me rodea cada vez que algo me hace feliz. Pienso entonces en tu nariz y en tu boca; en esa media sonrisa cuando tus párpados descienden apenas, sin acariciar tus cachetes. Vienen a mi cabeza el brillo de tus pupilas, tus ojos café, el calor de tu abrazo; lo reconfortante de tu cuerpo, la dulzura de tu perfume. 
Y las lágrimas se deslizan en una caída suave y pausada, como si no quisieran desprenderse de mis pestañas. El anhelo… en mis sueños estás tan enamorado como yo. 
Me acuerdo de tus anteojos de patillas rojas; de tu remera verde, de tu pulóver negro. También aparecen en la memoria tu mochila descomunal y la lámpara de sal; los sahumerios que aprendí a apreciar y aquél cuadro del baño tan bonito…

Cómo me gusta el color de esa pared; azul lavanda, parecido a los jacintos y a las flores del jacarandá. 
Y abrir la ventana y que la vereda esté tranquila por el paro de transporte; apacible día soleado; sin gente, sin el barullo de las avenidas, sin la contaminación visual… Pienso en tu cabeza apoyada en mi hombro, en tu acercamiento protector; tu mano en mi nuca, las yemas de los dedos rozando mi piel de gallina. Me acuerdo de tus besos, de tus gemidos, de tu voz cuando cantás fuera de tono; tu voz… tan hermosa, tan tuya.
Las mariposas revolotean y siento sus aleteos; danzan como tu risa, tan desacorde al resto de tu persona y que te hace achinar los ojos.
Mi corazón se vuelve frágil como una burbuja y se hincha a la vez, solemne y vivo.
Y en la burbuja aparece esa mirada… con los párpados entrecerrados, observándome con ternura mientras sonreís de lado… muy pocas veces sentí tanto cariño cuando alguien me miró así. Francamente no creía del todo en el amor a primera vista, hasta que me capturaste con un gesto;

como si nuestras almas estuvieran entrelazadas… como si hubiéramos vivido para encontrarnos… como si nos conociéramos de épocas remotas y nos halláramos después de buscarnos por el tiempo… esa mirada que me quita lo viajera y me hace sentir en casa; que me hace no querer perdernos nunca.

Suspiro y mi garganta está seca.
Mis penas cesan de decantar;
Ojos inflamados y enrojecidos, cuarto silencioso, pesadez.

Suspiro;
No es alivio, es añoranza;
Te necesito conmigo.
Por favor pedime que no me vaya.
Abrazame.

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