miércoles, 7 de junio de 2017

Soplido




La llama luchó para no apagarse. Te juro que traté.

Me pasé días y noches intentando en vano no decepcionarte. Quise acercarme, pero no sabía cómo. Pensaba que no me dejabas. Y un soplo de viento y casi que se fue la luz. La resguardé haciendo un nido con las manos, permitiendo que su aliento cálido chocara contra mi rostro. A ver si me iluminaba un poco en este invierno tan gélido.

Le supliqué incluso. Le rogué entre llantos que se mantuviera encendida. Que todavía había esperanza; que la situación podía mejorar. Pero al no hacerme caso, dejé de insistir. Ya no supe cómo convencerla.

Quise acercarme para ver si podías prestarme un fósforo, o al menos un vidrio para protegerla de las ráfagas despiadadas. Pero sabía que te ibas a alejar… y que la brisa de tu partida iba a acabar por apagarla. Así que la protegí sola. Te juro que traté.

Aun sin llegar a hablarte, supuse que no querías verme. No te toqué tampoco. Mi tacto era tan oscuro y feroz que tenía miedo de agrietarte.

En mi desesperación me inmovilicé. Y se esfumaron tus abrazos. Partiste. Todo partiste.

Y la llama no luchó más. Con un último suspiro se fue su luz.
Mi amor… no fue suficiente.

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