La llama luchó para no apagarse. Te juro que traté.
Me pasé días y noches intentando en vano no
decepcionarte. Quise acercarme, pero no sabía cómo. Pensaba que no me dejabas.
Y un soplo de viento y casi que se fue la luz. La resguardé haciendo un nido
con las manos, permitiendo que su aliento cálido chocara contra mi rostro. A
ver si me iluminaba un poco en este invierno tan gélido.
Le supliqué incluso. Le rogué entre llantos que se
mantuviera encendida. Que todavía había esperanza; que la situación podía
mejorar. Pero al no hacerme caso, dejé de insistir. Ya no supe cómo
convencerla.
Quise acercarme para ver si podías prestarme un
fósforo, o al menos un vidrio para protegerla de las ráfagas despiadadas. Pero
sabía que te ibas a alejar… y que la brisa de tu partida iba a acabar por
apagarla. Así que la protegí sola. Te juro que traté.
Aun sin llegar a hablarte, supuse que no querías
verme. No te toqué tampoco. Mi tacto era tan oscuro y feroz que tenía miedo de
agrietarte.
En mi desesperación me inmovilicé. Y se esfumaron
tus abrazos. Partiste. Todo partiste.
Y la llama no luchó más. Con un último suspiro se
fue su luz.
Mi amor… no fue suficiente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario