domingo, 5 de julio de 2015

Le carrefour de la vague solitaire

El amor es como una ola; una fuerza acuática que se zambulle curiosa hacia lo desconocido, que se lanza de cabeza precipitándose al suelo arenoso; que rompe en la costa a la vez que una luz delinea su contorno con esplendor.

El amor es como una ola… poderosa, a veces calma, a veces furiosa. Que en lugar de cenizas deja espuma a su paso. Que con la tormenta se estremece impaciente.

Y me pregunto si un mar sin olas carece de amor.

Un mar, con su vasta inmensidad y sus misterios, sus tesoros ocultos en lo profundo, sus luciérnagas perdidas, merodeando en la oscuridad del fondo desprovisto de un linde limitativo.

¿Es que tal vez se ha cansado el mar de buscar sus olas?

Aquellas que en la rompiente se han debilitado y aprendieron a caer, solamente para recobrar su temple y alzarse de nuevo.

Desperdigando al alejarse ápices de maravillas enterradas en la orilla, aguardando a ser recogidas por algún viajero errante.

Y si fuera el amor como una ola, ¿acaso reuniría a los náufragos extraviados que intentaran vislumbrar un faro a lo lejos?




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