Me gusta taparme los ojos con mi bufanda favorita y
pretender que puedo desaparecer detrás del descolorido material. La lluvia me
trae melancolía, pero también reflexión. A mi mente vuelven recuerdos y hasta
pensamientos que van y vienen como meseros en un bar.
Sé que muy en el fondo mi mirada es tan frágil como el ala
de una mariposa, y mi espíritu tan cambiante como el viento o el lago que está
ubicado cerca de mi casa.
La gente me aterra y me fascina al mismo tiempo, al igual
que las serpientes o las alturas.
Mi color favorito es el turquesa, el mismo del que fueron
mis ojos en cierta ocasión; ahora grises e insondables.
Amo la diversidad en todos sus aspectos; el murmullo del
viento en los árboles cuando cuenta una historia, susurrante.
Siempre odié a la gente falsa, indiferente o mentirosa, si
bien yo nunca me quedé atrás en ninguno de estos aspectos.
Detesto las clasificaciones y las etiquetas, pero soy su
principal arquitecta y quien a su vez, más las utiliza. Porque juzgo, critico y
venero. Por lo general a todos por igual, nadie queda excluido.
Soy solitaria y a veces me siento vacía. Mi rol en esta obra
de teatro a la cual denominamos “vida” de seguro es el de protagonista; pero
aún no estoy convencida de que en el escenario se actúe una comedia.
Y ser o no ser, así seguimos. Creo que soy dramática, romántica, pasional,
inquieta y quieta; desordenada, ordenada, aburrida y excepcional a mi manera.
Algunos dicen que carezco de originalidad; otros afirman lo
contrario, llamándome excéntrica.
Los últimos días antes de mi partida a Buenos Aires están
siendo tediosos. Cada vez más.
Los segundos se hacen lentos, los minutos largos y las horas
eternas.
No veo el instante de salir de la putrefacción y monotonía
de mi letargo, si bien tampoco estoy particularmente interesada en abandonarlo.
Estoy sumergida en agua estancada, o en una laguna petrificada.
Anhelo huir, pero me demora la demora misma. No puedo dormir, me cuesta dejar
de pensar o soñar despierta.
Porque ese es otro de mis placeres: imaginar con los ojos
abiertos. Otros universos, escenarios diferentes al mío, paisajes alternos y
extravagantes (que curiosamente siempre tienen retazos de mi propia casa);
fantasías infantiles que quisiera realizar.
Qué no daría por estar atrapada junto a las sirenas y Peter
Pan; con las hadas y los piratas. Luchando contra orcos y trolls en la Edad Media,
o siguiendo el camino amarillo acompañada por Dorothy.
Por hablar con el Gato Rizón o con el Sombrerero, visitando
a la Liebre de Marzo y a Diana.
Perdida en mi universo sin límites de la imaginación. Ese
que yo creé y sigo creando, transformándolo día a día en lo que me plazca.
Soñándome con alas, o elevada en el aire por un paraguas
rojo o azul.
Pero… todos sabemos que alcanzarlo y permanecer allí es una
utopía, a menos que se desee estar en coma por un largo tiempo. Y esto me lleva
así a otra pregunta, de las cuales tengo miles, ¿qué se sentirá hallarse en
coma, nunca sabiendo si la muerte se acerca o se aleja de nuestro existir? Y,
al fin y al cabo, ¿qué es la existencia?; ¿Transfiguramos o destrozamos nuestro
universo?; ¿Quién es el responsable de dirigirlo sino?; ¿Somos los directores
de la película que llevamos en la vida?
Tantas preguntas y tan pocas respuestas. Ninguna certeza y
millones de dudas. Incertidumbre e ignorancia. Tan sólo pudiéndonos aferrar a
lo mínimo que sabemos sobre nosotros mismos.
Mejor sigo caminando silenciosa hacia donde me guíen el
viento y el reflejo en el agua. Divagando sobre espejismos en desiertos
emocionales. Hacia la roca que en la infancia parecía tan vasta y me
completaba, sin parar hasta los brazos de los árboles que me contuvieron cuando
gritaba de dolor, mientras el llanto ahogaba mis sueños y los convertía en
pesadillas.
Permitiré que la lluvia limpie mis lágrimas internas, que se
rehúsan a salir para aliviarme de una vez por todas.
Y así, abrumada y aturdida por todo y todos, voy a proseguir
a cubrirme los ojos con mi bufanda favorita, jugando a que logro desaparecer
tras sus hebras desgastadas.
Sólo un segundo, un minuto, una hora más.
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