Y tan fría como un paisaje invernal, me dejo guiar por la inexperiencia de la acreciente maldad que se está forjando en mí, delirando de pura fascinación ante la sola idea de un cambio mayúsculo;
Un cambio que acabaría para siempre con mi moral, destruiría mi razón y usurparía mis sentidos;
Un cambio que deseé que sucediera; uno que no es del todo relevante al haber
existido desde tiempos inmemorables; uno que no es cambio, sino que se ha
transformado en realidad.
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