En el momento en que vi tus ojos aquel día, todo cambió. Me
hallaba perdida y sin identidad, cuando tu rostro se acercó al mío. Esa escena
representó la primera vez que realmente te miré y sin embargo ya te había visto
antes. Me sumergí en un mar de verdes y dorados y me dejé llevar. Nunca nadie
había sostenido fijamente la mirada al verme; al menos no de esa manera, no
así. Y desde ese instante supe que mi corazón ya no era mío. Ahora descubrí
quien soy y no estoy tan perdida, si bien mi mente continúa divagando en torno
a tu persona. Es irreal la magnitud del impacto que alguien puede generar en
nuestras vidas. Mi mundo se derrumba y se transforma para reconstruirse de los
cimientos, y tus ojos siempre observan el cambio. Supongo que recuperé mi
corazón, pero mis recuerdos más importantes te pertenecen y nunca van a dejarte
ir.
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