No pudo contenerse. Los roces encendían mil fuegos en su
interior y bastó una sonrisa para que todo acabara por definirse.
No pudo contenerse y se permitió sentir. Sólo por una vez, sólo por esta vez.
El mundo se desvaneció y ella únicamente sonreía. La dulzura de un hombre feliz la conquistó. Sus ojos lo decían todo. Una mirada que robaba el aliento y desinhibía a quien fuera que le observara.
Y fue en aquel instante, enredados en un abrazo y uniendo sus labios, que de repente se dio cuenta del tiempo que había pasado. Del cambio que ella había hecho y de lo irreal de la situación.
Era un mundo en otro mundo; la infancia borrosa intentando relucir en un universo paralelo de adultos. Alternando tiernos recuerdos infantiles junto con conversaciones de universidad y trabajo.
Y ella no pudo contenerse. Sus ojos se fijaron en los de él y todo acabó por definirse.
Le robó un beso y ella se permitió sentir. Solo por una vez, sólo por esta vez.
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