Sumisa, rodeada de jacarandás, desbordante de luz celeste.
Una guitarra discordante se oye a lo lejos mientras ella comienza a
danzar.
Eleva sus brazos y repite los versos de un loco, inmersa en el estado
transitorio a la pérdida de sentido, momento en el cual se reencontrará con su
amigo el artista.
Un sentimiento de algo que va más allá de lo simple susurra una verdad
absoluta. Parecía desde antes un tanto no convencional y ahora se asemeja a la
sabiduría del viento.
¿Eran iguales el viento de antes y el de hoy?
¿Se estremecían Shakespeare o Lewis Carroll de la misma forma al caer la
tarde y esconderse el sol tras la luna?
Matices de lila, rosa furioso y dorado se fusionan en el horizonte. Ella
no se cree capaz de desviar la mirada e interrumpir su contemplación.
El más hermoso atardecer le roba su alma, fundiéndola en la identidad de
la vida.
Luz celeste, luz transparente, casi color lavanda claro.
Un globo cae desde el cielo y se pasea por el parque. El agua se desliza
por los azulejos y la luna se mantiene petrificada en forma de arco.
El día comienza a resquebrajarse para dar paso a la noche.
Ella llora y ríe, danzando. Guiada por una fuerza invisible de
entendimiento con el cosmos.
Resuenan las teclas de un piano y se imagina con un vestido de seda.
De repente todo es color lavanda claro.
El color de las emociones distorsionadas, las lágrimas carentes de motivos,
los pensamientos reflexivos, los atardeceres. El delineado del iris, la
timidez, el arrebato de ruidos, la eternidad reluciente, los recuerdos, la
capacidad de comprender. La fragilidad, la belleza; el delirio disfrazado de
paz, nostálgico, empático. La acción de esgrimir un poema defendiéndose ante
las mentes cerradas, el silencio que queda al no tener nada más que decir, el
viento; las cutículas de las uñas, la estrategia del escritor, el manifiesto de
un conjunto de palabras sin elocuencia pero absurdamente certeras;
El alma, la sabiduría, la perdición, la calma contradictoria, la
aceptación, la indecisión, la personalidad.
Sumisa, rodeada de jacarandás, ella se arrastra discordante y delirante
en una danza, transformando en pocos segundos su mundo entero en lavanda.
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