Ojos ámbar
Siempre me gustaron los libros y de vez en cuando alardear
de ciertos conocimientos. Sin embargo, en esta ocasión mis labios se sellaron.
Él habló y continué extraviada en mi mundo.
Sus rastas castañas colgaron en armonía, apoyándose
vagamente en sus hombros. Mi respiración se agitó durante un reducido lapso de
tiempo; apenas un murmullo pasajero de estupefacción.
Mi acompañante compró el libro y entonces por fin me
desprendí de mencionados orbes.
Lo deseché porque ya no era importante, ya no requería de mi
consideración.
Solamente fue un agasajo a la vista de la mano de una
tonalidad dorada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario