martes, 2 de septiembre de 2014

Mi historia Borgiana (2012)

El Tiempo de Tomás López

Dicen que sucedió una noche, en La Plaza Belgrano. Sí, eso dicen, pero es poco probable. Lo cierto es que alguien lo dijo una vez, y más tarde, la gente empezó a creer en el relato. Juan Mirabeles, él me lo contó a mí; y si bien no estoy seguro de qué pasó en verdad, esta es la única versión que conozco.

“Mi recuerdo de la historia es algo confuso e incierto, tal vez no tan fiel a la realidad, pero aún así, fiel a mi recuerdo de esta”; así me dijo Juan camino a la parada del colectivo. Pude notar que se sentía incómodo, nervioso, y sin embargo, continuó la narración, por lo que supuse que necesitaba desahogarse. Mientras la descripción de los hechos seguía su curso, comencé a enterarme del suceso ocurrido.

Una obsesión, un pacto de indiferencia, cierto acto de locura, y otras tragedias.

Particularmente, me había interesado la parte dramática del asunto; cuando debería haberle prestado atención a la demencia del pobre hombre. Pero ya es tarde para hacer conjeturas; “lo pasado, pisado”, como sostiene el dicho. Y si me hubiera guiado por todos los indicios posibles, no habría llegado jamás a la conclusión.

Tenía 22 años. Cabello oscuro, y ojos azabache. El nombre era Tomás López, y si mal no recuerdo, su estatura era de 1,70 metros. Era un sujeto callado, suspicaz y precavido. Alguien que no se fiaba de los demás, y aún menos de sí mismo. Trabajaba en una biblioteca, ordenando los libros por género y juntando los que se encontraban desparramados en el suelo.

Nadie jamás creyó que enloquecería de la forma en la que lo hizo. Si bien muchos sabían algo acerca de su pasión por los libros del destino, no pensaron que fuera posible que lo absorbieran. Y sin embargo, así fue. Se pasaba horas leyendo sobre tiempos alternativos, cuartos imaginarios, y puertas sin cerradura (por lo cual, decía que estaban abiertas).  Soñaba con personas extrañas, a las que pretendía conocer, y a la vez no; anhelaba la libertad de ese infierno, y la evaporación de esos pensamientos. Buscaba sin detenerse la mención de libros y autores apócrifos en las diferentes obras de los novelistas memorables, y no se detenía ni un segundo a corroborar si el relato era o no ficticio.

A partir de un día, en el cual leyó por casualidad “El Milagro Secreto”, comenzó a creer que perdía la cabeza, y desaparecía su uso de razón. La madre, asustada, llamó a un doctor para que le diera el diagnóstico, pero fue inútil. López estaba totalmente enloquecido.

Sin importar la cantidad de psicólogos y médicos que lo vieron, él no cambió jamás su postura de demencia. Durante mucho tiempo estuvo encerrado en su propia mente, y enfermo de intranquilidad. Los años pasaban delante de sus ojos, y él sólo le restaba importancia al asunto.

Finalmente, cierta noche de mayo, en la Plaza Belgrano, se suicidó. El velorio fue triste, en especial porque era tan joven. No mucha gente estuvo presente, ya que él había tomado de la vida lo mismo que no pudo de los libros: la soledad y el desprecio. Siempre había encontrado el cariño en esos volúmenes grandes, repletos de palabras en las páginas innumerables; pero nunca se había tomado la molestia de buscarlo en amigos o familiares (algo de lo que nadie supo si terminó arrepintiéndose).

Cuando al cabo de 4 meses, la madre de López decidió retirar los cuadros de las paredes, y vaciar la casa de los objetos de su hijo, encontró un diario. No se atrevió a leerlo, pero tampoco a desecharlo; y esta es la razón por la cual permaneció abandonado en la estantería de libros, juntando tierra con el pasar de los años.

 Una cálida tarde de verano en la que Juan Mirabeles, tío político de la hermana de López, decidió pasar a visitar la casa, tropezó con el dichoso librito, mientras rastreaba un ejemplar de “El Jardín de los Senderos que se Bifurcan”. En el preciso momento en que abrió el diario, se encontró con que estaba inconcluso; y a pesar de la suciedad y el polvo, consiguió descifrar algo en la primera página.


En ella habían escritas 5 palabras: “Me retiro al Tiempo Divino”.


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