A veces procuro optimizar el tiempo.
Hay situaciones en las que me dedico a realizar aquello que debo hacer y otras en que me dispongo a hacer lo que quiero.
Sin embargo, últimamente una variada cantidad de personas vienen acordando en que no sé exactamente cómo aprovechar el tiempo. Aprovechar... qué curiosa palabra.
En numerosas ocasiones me pregunto si cada quien posee diferentes formas de utilizar un lapso de segundos, minutos, horas, días, meses, años. Analizo sus historias ficticiamente y me cuestiono por sus intereses, sus obligaciones, sus metas, sus sueños, sus vacilaciones y titubeos.
Personas prolijamente maquilladas, cuidadosamente vestidas o instruídas con dedicación. Las hay por doquier y a pesar de ello, escasean dependiendo del contexto. Por ejemplo, no por estar un individuo delicadamente arreglado, significa que esté empeñado en su desarrollo intelectual, o viceversa.
Entonces, ¿en qué emplean el tiempo, su tiempo?
Quizá nunca se sabe con precisión. Me hallo convencida de que los seres humanos guardan secretos, pasiones celosamente silenciadas en lo profundo de sí mismos. Queriendo o no ver la luz, pero permaneciendo constantemente en el anonimato.
¿En qué optimizan su tiempo las gentes? ¿En reflexiones dolorosas, en recuerdos felices del pasado, en la nostalgia, en el presente, en el futuro?; ¿En el cumplimiento de deseos, en estrategias que maximizen su rendimiento día a día?
Quién sabe con exactitud.
Pues bien, si mi pasión por ende se considera "perder el tiempo", me declaro una derrochadora oficial, ya que al igual que las otras personas, estoy en mi absoluto derecho de elegir a qué dedicar el transcurso de los segundos, los minutos, las horas, los días, los meses, los años de mi vida.
Y en qué los dedico... pues... esa es otra cuestión. Me gusta considerarla como un enigma, un secreto esmeradamente custodiado por mi cabeza.
`Well, I'd
hardly finished the first verse,' said the Hatter, `when the Queen jumped up
and bawled out, "He's murdering the time! Off with his head!"'
`How
dreadfully savage!' exclaimed Alice.
`And ever
since that,' the Hatter went on in a mournful tone, `he won't do a thing I ask!
It's always six o'clock now.'
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