lunes, 15 de agosto de 2016

La manía del fénix

Ella se mostraba por fuera como un canvas en blanco.

Y yo en numeradas ocasiones le había sugerido que ella requería de un pincel para pintar su mundo de personalidad; aquella misma que no se atrevía a relucir;

Detrás de su blanca mascarada, contaba con una amplia gama de colores, que se desperdigaban en una paleta conformando un arcoiris; y es que poseía un salvajismo, romántico y feroz, que le exigía a los gritos ver la luz del día.

¿Que cómo lo sabía yo? simplemente por mi habilidad de mirar a través. Alguien hacía tiempo me había enseñado a observar con atención; a realmente observar.

A veces, sin embargo, no era tan sencilla la contemplación. Y era de suma importancia romper con el convencionalismo del lienzo en una explosión de matices. El resultado valía totalmente el esfuerzo; retazos cenicientos de una careta hecha trizas.

La cuestión, es que ella tenía en su pecho una llama que flameaba con fervor, amenazando con quemarla si pretendía dejarla extinguirse; la naturaleza así la había traído al mundo; voraz y con una urgencia de estallar en fuegos artificiales.


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