Huir al norte nunca había significado
una dificultad.
Los
romances iban y venían y su cobardía ante el amor la impulsaba a dejar atrás
las historias que, ella sabía, carecían de un porvenir.
Escaparse
de Sonora jamás había representado un desafío; siempre lo más complicado había
sido regresar para luego volver a armar las valijas y disponerse a marchar.
Conducir
hasta la frontera no había conferido hasta entonces mayor riesgo que
aquél del extravío de un labial bissú.
Bueno...
esto es... hasta que se encontró sin pasaporte en una encrucijada territorial,
víctima del pánico y blanco de las
miradas furtivas.
Huir
al norte... de pronto había pasado a convertirse en la más peligrosa decisión de su
vida.
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