Me perturba la gente con ojos negros; desconfío de
esos pozos profundos que parecen no tener fondo y que ocultan un sinfín de
emociones en la forma en la cual la pupila se disuelve en el iris; oscuridad
insondable y que incita un desafío.
Ojos colmados de sombra; que al observar
fijo generan una mezcla de nerviosismo e incertidumbre.
Me reconozco inquieta a
la hora de intentar descifrar sus misterios y develarlos al mundo. A veces
hasta me despiertan un cierto romanticismo bestial; es la atracción hacia lo
desconocido en discordancia con lo que repele la primera impresión.
Son ojos
que me mantienen en vela con una constancia preocupante; ojos de abismo,
secretos y sombríos; lóbregas cavernas que susurran acertijos y que reflejan a
la nada misma y al todo a la vez. Me perturban, sí... pero no por eso la
curiosidad cesa ni interrumpe su fatalidad.
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