lunes, 15 de agosto de 2016

Hablo de algo

Morvin era feliz. De a lapsos, pero lo era.

Y con lapsos me refiero a esos cortos instantes que aparecen y se van en un parpadeo.

Morvin sabía que su existencia estaba marcada por sus sonrisas;

Él sabía que era feliz.

Y con sonrisas hablo de aquellas que dejan ver dientes blancos como perlas y se extienden por debajo de una delgada eme en el labio superior.

Morvin creía que era feliz.

Al menos algo debían significar esos momentos de carcajadas derrochadas y lágrimas de dicha; tal vez y en algo destacaban las espontáneas aventuras que realizaba cuando se sentía pleno.

¿Era Morvin feliz?

Se lo preguntaba a menudo, de a lapsos.


Pero se lo preguntaba.


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