lunes, 15 de agosto de 2016

Monstruos de Asfalto

– ¿Sabés lo que es estar en una ciudad de la cual la mayoría de la gente se quiere marchar? Esta es una metrópolis colmada de ira, te digo; con una ferocidad que retuerce sensibilidades hasta hacerlas añicos y derrama alquitrán sobre la misericordia y la paciencia. Algunos hasta dirían que es a donde los sueños vienen a morir, tras haber sido torturados por la corrupción y los malos tragos. Cada vez a las personas se les desvanece más y más la esperanza, creeme. Y al final sólo queda una resignación amarga; un rencor que se construye diariamente a base de ladrillos de miedo, inseguridades y un profundo enfado destilado del odio mismo; todos ellos combinados con el cemento de la desesperación. 

– Y aun así... seamos sinceros, ¿vos te verías viviendo en cualquier otro sitio?



– Si pudiera escapar lo haría; cualquier lugar antes que este. Pero me falta coraje. Pasa que... ya me embargó una sensación de aborrecimiento por la humanidad que es difícil de borrar; y a veces pienso que hasta puede ser demasiado tarde para mi. Porque, te digo, a cualquier otro destino al que me dirija, siempre van a estar presentes los recuerdos desagradables de la violación al amor, el abuso a la cortesía, el arrebato de la inocencia y finalmente la soberbia y la avaricia, provenientes de la enfermedad que tuvo como consecuencia inmediata la sociedad fanatizada del hombre; aquella que me forjó, me desilusionó y abofeteó en el espíritu con una crueldad imperdonable. Sabés... el problema es... que no importa a dónde vaya, ahí voy a estar yo. El yo que nunca pudo regresar a sí mismo.


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