viernes, 15 de agosto de 2014

Labios Carmesí

Un día como cualquier otro; café con leche, galletitas embarradas en miel.

Leyendo para que se sucedan los minutos, sin malgastar ni una mínima parte del ineludible trayecto matutino.

Una clase en la facultad. Ojeras y tinta. Y entonces mi mente despierta... falta algo. Lo dejo pasar intentando concentrarme. Estoy feliz, pero al mismo tiempo me invade la decepción.

Algo falta.

Trazos aburridos por el papel, sin querer realmente escribir.

Miro el reloj e inmediatamente vuelvo la vista al pizarrón. Necesito concentrarme.

Termina la clase y converso alegremente con mis amigos. El júbilo en su estado más apacible.

E impecablemente de fondo, Claro de Luna. El retazo de una sinfonía sumido en los gritos caóticos del pasillo. Una ilusión, epifanía o espejismo.

Continúo mi caminata así entre alborotados estudiantes.

Me escucho responder, pero tengo la sensación de que las palabras no salen de mi boca. Mi mente divaga entre recuerdos de una irreconocible figura.

Falta algo.

Otra clase y el cansancio se hace presente. Me siento envejecer. Miro a mi alrededor, en busca de la explicación a mis lamentos.

¿Hambre? ¿Historia argentina? ¿Chismes?

Aún no puedo descifrarlo.

Algo falta.

Y en el instante en que me sumerjo en aquél recuerdo de la palabra "Wolf", entiendo perfectamente lo que sucede.

No estás conmigo.


Faltaba algo, algo faltaba.


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