Justo
el otro día pensaba en vos.
Así simplemente, te introdujiste en mi cabeza cual si fueras un sueño arrebatador, de esos que se tienen despierta y le confieren apenas un halo de libertad a la vida cotidiana.
Pasé rápidamente por tu plaza admirando el pasto verde y las frases ornamentadas en letreros, pero no permanecí en uno de los asientos enanos por mucho tiempo. Tenía prisa. Ah, siempre hay apuro.
Pero algún día te voy a volver a visitar y vamos a escribir juntos. No lo juro, porque sé que poco valen las promesas al ser pronunciadas en el aire, resueltamente o a ultranza.
Y sin embargo, sí prometo hacer lo que pueda para acompañarte en tu jornada hacia una casa tomada, hablando en el camino con distraídos cronopios y también algunas famas. Gracias una vez más por esparcir una pizca de tu esperanza en esta agotadora monotonía, y por recordarme lo bello que puede ser el mundo, aún más allá de la soledad y el encierro casi certero de las palabras, esas de las que lograste ser tanto rey como esclavo.
"Probablemente
de todos nuestros sentimientos el único que no es verdaderamente nuestro es la
esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma
defendiéndose."
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